La incongruencia del régimen
Hace unos días el periódico The New York Times publicó una nota en la que menciona que la relación bilateral entre México y EUA, que comenzó el año con buenos augurios al calmar los ánimos arancelarios de Trump por concesiones como la entrega de más de 50 líderes del crimen organizado, además de la destrucción de laboratorios de fentanilo (que según el expresidente no existían) o la detención de generadores de violencia (beneficiarios de la política de abrazos y no balazos), ha comenzado a entrar en otra fase,
En dicha fase, en la cual la Presidenta y sus principales funcionarios están "frustrados" al ver que el tiempo y esfuerzo dedicado a cumplir con las demandas del Presidente norteamericano siempre terminan en exigencias mayores.
De acuerdo al diario norteamericano, la línea que siempre dibujó la Presidenta como límite para las acciones norteamericanas fue el respeto a la soberanía, negar que pudiera haber ataques en suelo mexicano contra los cárteles de la droga dirigidos por agencias o por el ejército norteamericano.
Esa era la narrativa hasta que el Presidente Trump, ordenó, en secreto, que su ejército explorara las posibilidades de ataques a los cárteles mexicanos, a partir de eso, el régimen bajó el tono y ahora afirma que no habrá "invasión" por parte de los Estados Unidos.
En esta entrega quiero enfatizar que, además de las presiones externas, el mismo régimen mexicano puede estar generando animadversión entre el ala conservadora del congreso y el gobierno de los Estados Unidos con las decisiones y acciones que ha tomado.
Aunque efectivamente las demandas del gobierno norteamericano siempre han ido en aumento y su posición al negociar es la de un jugador que se sabe con una ventaja inalcanzable en prácticamente cualquier ámbito contra su contraparte mexicana, ya sea en el terreno económico, militar, etc, y utiliza esa ventaja para imponer condiciones sin cortapisas, sin embargo, aunado a esto, el régimen ofrece suficiente evidencia para que las posiciones de los Estados Unidos puedan endurecerse cada vez más.
El viaje del Secretario de Estado norteamericano a nuestro país en los próximos días seguramente dará a la Presidenta y sus principales funcionarios prueba de esto.
El día de hoy comienza funciones el nuevo poder judicial y con él se completa el viraje de los tres poderes del estado mexicano hacia una posición ideológica de "izquierda".
La inauguración de un Poder Judicial completamente subordinado a los intereses del régimen político podría abonar a la visión extendida en la clase política de los Estados Unidos por décadas de que México no tiene un estado de derecho y que los intereses de Estados Unidos y los recursos que las empresas norteamericanas puedan invertir en México estarían en riesgo al instalarse en nuestro país.
El "error histórico", como uno de los ministros salientes ha llamado a la reforma judicial, seguramente hará sonar alarmas en el Departamento de Estado norteamericano cuando se empiecen a acumular casos de violaciones graves a derechos humanos por parte de personas e instituciones adscritas a gobiernos mexicanos, tanto a nivel local como federal, en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, dada la esperada complicidad del Poder Judicial para encubrir los posibles abusos del régimen.
La presión de los Estados Unidos crece contra el "gobierno" de Venezuela, ya declarado por el gobierno de Trump país como ilegitimo y a sus líderes como cabezas del crimen organizado, sin embargo en nuestro país no hay condena contra las dictaduras venezolana, nicaragüense y cubana, siendo esta última receptora de millonarias donaciones del gobierno mexicano que van desde petróleo hasta libros de texto, pasando por la contratación de médicos cubanos, práctica ya condenada por el propio Secretario de Estado norteamericano, descendiente él mismo de exiliados cubanos.
Hay una incongruencia por parte del régimen mexicano al tomar la decisión de erosionar el estado de derecho con la imposición de la reforma judicial y la farsa de la elección judicial, además de apoyar, directa e indirectamente a las dictaduras latinoamericanas con las que comulga, y, al mismo tiempo, pedir la buena voluntad del gobierno de los Estados Unidos para que no imponga aranceles.
X: @jesusmenav