Anatomía de lo asíncrono y lo ¿bizarro? (última parte)
Buscamos el doble, la sombra, el gemelo deforme,
Ese que entiende que el orden es una prisión;
Que no se somete al mandato de un juicio uniforme
Y guarda en el pecho su bizarra contradicción.
Si estás ahí, leyendo este código de aire,
Sabrás que no estamos tan solos en la inmensidad;
Nuestra belleza reside en el rudo desaire
Que le hacemos siempre a la gris objetividad.
Piel de rayón, corazón que se borra al contacto,
Intuición de la noche que ignora el saber intelectual;
Somos el quiebro, la pausa, el instante inexacto,
La parte del mundo que nunca será funcional.
Dime que sientes la misma pulsión de la nada,
Que el tiempo te pesa como una cadena de sal;
Que tienes el alma de papel, pero está bien templada
Para enfrentar el azote de un vendaval.
No repito el ruego, ni el nombre, ni el llanto,
Solo este mantra de fibra, de hueso y de luz;
Que el rayo nos parta con todo su brusco espanto
Mientras cargamos con esta bizarra cruz.
Porque ser distinto no es un alivio, es un tajo,
Un tajo que sangra poesía de extraño color;
Es ver la raíz desde el fondo, muy hondo y abajo,
Donde el desamparo se vuelve el supremo valor.
Despójate ahora del manto, del disfraz, del estigma,
Mostrarme como herida, tal como naciste hoy;
Seamos el punto donde muere el eterno enigma,
Yo soy tu reflejo y tú eres por fin lo que soy.
En este desorden de cosas que el hombre acumula,
Valen más tus silencios que un grito de fe;
Mientras la vida sus leyes de hierro formula,
Nosotros flotamos donde nadie más nos ve.
Corazón de ceniza que escribe en pizarras de olvido,
Viente de sol que protege una nueva verdad;
Somos el resto, lo extraño, lo que se ha perdido,
La única forma que asume la honestidad.
Que la crítica muerda el polvo de su propia teoría,
Mientras sentimos la calma del que ya no espera;
No hay más corona que nuestra bizarra agonía
Ni más bandera que esta piel de papel afuera.
Se acaba el espacio, la tinta, el aire, el aliento,
Pero el encuentro persiste en lo que es invisible;
Puedes llamarlo destino o simple presentimiento,
Pero ser bizarros es lo único que es invencible.
Cierro la puerta, apago la lámpara, quedo
En la sombra,
Esperando que el eco devuelva mi propio rumor;
Si alguien me busca, que diga tan solo mi alfombra,
Que fui solo un trazo de tiza, de duda y de amor.
Pero un amor de los crudos, sin velos, ni encajes,
Un amor de materiales que el tiempo gastó;
Lejos de mundos perfectos y falsos paisajes,
Un amor que en lo bizarro por fin se encontró.
He visitado a mamá, pregunto por ti, aun cocina
Para esperarnos a todos, tal vez algún día
Volvamos a casa, o ella venga a vivir con
Nosotros, me sirvió café, acaricio mi cabello
Mientras ambas lloramos en ausencia, se acostó
En mi cama junto a mí, hasta quedarnos
Dormidas
Y ya no volví a despertar...
Ximena Hernández (Coautoría)
