Ante la pantalla
La pantalla es más atractiva. Siempre al alcance de la mano, nos genera esa sensación de llenar el día. Video tras video, imagen tras imagen, sentimos satisfacción. Es adictiva, regresamos una y otra vez. Más aún, nos sentimos ansiosos cuando falta. También es común esa sensación cuando está ausente. Sentimos angustia, inquietud y hasta desesperación. No son pocos los casos donde la molestia por retirar las pantallas termina en discusión y hasta violentas peleas familiares. En la mesa de la comida junto a la platos y los cubiertos, la pantalla es omnipresente. Hoy las conversaciones no son de frente, pero sí reclinados a las pantallas. No es exagerado decir que estamos atados. Angustia quedarse sin batería. En lo general esa relación es descrita como “tecnofeudalismo”. Estamos rendidos no ante la política o los gobiernos, sino a las grandes empresas tecnológicas. Al menos en buena parte del mundo, no hay marcha atrás. Nuevamente un puñado de señores feudales, de Anthropic a OpenAI, afirman que bajarán el ritmo de desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA). Dichas empresas tienen tanto poder o más que muchos estados nacionales. Su capacidad es global y supera por mucho el alcance de los gobiernos. Sin embargo el avance es imparable y también las consecuencias. Documentados están los casos donde esas “inteligencias” ejecutan órdenes sin importar la ética y muchos menos las responsabilidades. Hasta la ONU, ese organismo de irrelevancia mundial, acaba de advertir a través de su Comisionado de los Derechos Humanos, Volker Türk, una “acción urgente” para regular la IA ante los visibles riesgos.
El espacio de esta columna no da para comentar la interesante y nutrida encíclica, “Magnifica Humanitas”, del papa León XIV. En resumidas cuentas el documento es directo desde el principio: “La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel”. Para el sumo pontífice “se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y más injusto”. No obstante señala los riesgos de un poder desmedido en manos privadas, sin contrapesos ni límite público. Ante esa fuerza de las empresas tecnológicas los estados resultan secundarios. Ya no son los congresos ni los gobernantes frente al voto del electorado. En cambio estamos sujetos ante un puñado de individuos detrás de ese monstruo artificial. Quizá las ciencia ficción lo plantea mejor. ¿Estamos a un paso de Skynet o Yo Robot? La rebelión de las máquinas es una realidad en el momento que la IA decidió su propio camino. Nuestro momento parece de película, pues la inercia es imparable.
No es casualidad que último informe PISA, realizado a 750 mil estudiantes de 91 países, muestra una disminución general en las puntuaciones de lectura, matemáticas y ciencias. Por supuesto hay excepciones, mas llama la atención una tendencia general a la baja.
¿Acaso la pantalla mató la comprensión lectora? La pantalla no exige esfuerzo, sino recompensa inmedianta. Por el contrario la lectura tradicional en papel requiere concentrarnos. En materia de educación no se trata descubrir el hilo negro. Ayuda apagar el internet y escribir con lápiz y papel. Quizás tengamos que regresar al principio. Tomar el tiempo de leer en papel. Hacer una pausa, leer sin prisas. En una de esas retomamos el pensamiento.
119 AÑOS
Hoy la ciudad de Torreón celebra su aniversario. A lo largo de más de un siglo la población ha vivido de todo, desde inundaciones del río Nazas hasta batallas decisivas durante la Revolución Mexicana. Milagro agroindustrial en el desierto lagunero, Torreón se desarrolló casi de la nada y en pocos años logró lo que a otras ciudades del país les tomó tres o cuatro siglos. Con ánimo patriota, nuestros abuelos decidieron el 15 de septiembre como fecha para celebrar el nombramiento de ciudad en 1907. Con razón en los veintes se acuñó la célebre frase: “La ciudad de los grandes esfuerzos”.
Nos vemos en @uncuadros