Antes fueron pachucos, luego emos… hoy son therians: la historia eterna del '¿qué es eso?'
Si últimamente tu timeline parece zoológico y la palabra “therian” se te atraviesa entre memes, indignación y curiosidad, respira: no es la primera vez que una “tribu” juvenil se vuelve tendencia y provoca la reacción clásica de “¿y ahora qué es eso?”.
Porque esto no empezó con TikTok. A otras generaciones les tocó ver —y a veces juzgar— lo que venía después: estilos, códigos, música, formas de hablar y de presentarse ante el mundo que, en su momento, parecían incomprensibles… hasta que se normalizaron, se mezclaron con todo o simplemente pasaron de moda.
Primero lo básico: ¿tribu urbana, moda o identidad?
A veces se les llama “tribus urbanas” por practicidad: grupos que comparten estética, referencias, espacios y una idea de pertenencia. Pero no todo entra en el mismo costal.
Hay casos que se quedan en moda (algo que dura poco), otros que se vuelven subcultura (con comunidad y códigos más claros), y algunos que para ciertas personas se viven como identidad (algo íntimo, personal y más profundo que un look).
Con los therians, por ejemplo, el debate suele enredarse porque mucha gente se queda solo con lo visible: máscaras, orejas, colas o videos actuando como animales. Pero para quienes se nombran así, el tema suele explicarse como una forma de identificarse, por dentro, con un animal (sin que eso signifique “transformarse” físicamente).
El ciclo que se repite: cambia el símbolo, no tanto la reacción
Cada época tiene sus “raros” oficiales. No porque realmente sean raros, sino porque son nuevos y llaman la atención.
Hubo un tiempo en que un traje amplio, un peinado, una forma de caminar o de hablar bastaban para que alguien dijera “eso no está bien”. Y sí: los pachucos fueron un ejemplo clásico de cómo una estética puede convertirse en símbolo de rebeldía, de identidad y también de conflicto.
Décadas después, la historia se recicló con otros nombres. Los emos, por ejemplo, cargaron con una etiqueta enorme: se les acusó de todo, se les ridiculizó, y en más de una ciudad el asunto se volvió tensión real en la calle. Con el tiempo, lo que quedó fue algo muy simple: jóvenes buscando pertenecer, expresarse y reconocerse entre iguales.
Ahora, con los therians, el ingrediente que cambia la receta es la velocidad: lo que antes tardaba años en expandirse, hoy se viraliza en días. Un fenómeno que quizá es pequeño en la vida cotidiana puede sentirse gigantesco cuando lo ves repetido una y otra vez en la pantalla.
¿Por qué siempre pasa?
Porque casi siempre se juntan las mismas piezas:
- Señales visibles. Algo que se nota: ropa, accesorios, peinado, maquillaje, formas de moverse.
- Códigos que los demás no entienden. Y cuando no se entiende, se llena el vacío con suposiciones.
- Miedo a lo distinto. La idea de “esto no existía antes” o “se están perdiendo valores”.
- Amplificación. Antes era la televisión o la radio; hoy son el algoritmo y los comentarios.
Y en ese combo, lo que debería ser curiosidad se convierte en juicio… o en alarma.
Lo que suele pasar al final
Casi siempre el cierre es el mismo: la “tribu” se apaga, se mezcla con otras cosas o se vuelve normal. Lo que un día causó escándalo después termina siendo nostalgia, estética de moda o referencia pop.
Por eso, cuando aparecen los therians y el mundo se divide entre “me da risa” y “me preocupa”, conviene recordar algo: cada generación ha tenido su propia versión de “¿qué es eso?”.
La juventud inventa formas de pertenecer, y el resto decide si las mira con curiosidad… o con prisa por etiquetar.