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Anticipar para no quedar expuestos: el gran desafío nacional

Con México en la mente

H?CTOR S?NCHEZ GUTI?RREZ 28 feb 2026 - 04:03

 V Ivimos en un entorno volátil, incierto complicado y ambiguo donde las amenazas a la seguridad nacional provienen de actores estatales, no estatales e internacionales, potenciadas por avances tecnológicos difíciles de detectar. La inteligencia debe ser el eje para anticipar, identificar y neutralizar riesgos, articulando un Sistema Nacional que coordine capacidades estratégicas del Estado. Sin embargo, en México no existe formalmente un Sistema Nacional de Inteligencia Estratégica que integre, dirija y cohesione esos esfuerzos. "La anticipación no es opción retórica; es criterio de supervivencia y de liderazgo".

La rivalidad EUA-China desplaza la globalización abierta hacia una competencia tecnológica, industrial y geopolítica. Se reconfiguran cadenas de suministro, los estándares tecnológicos se convierten en instrumentos de poder y el comercio adquiere dimensión estratégica.

México, profundamente integrado a América del Norte, ocupa la zona de fricción en disputa. Donde la relocalización industrial representa una oportunidad histórica, pero que también exige infraestructura crítica segura, energía confiable y certeza jurídica. En este entorno competitivo, nuestra debilidad interna nos hace perder posición estratégica.

"La presión global actual no está esperando a que los Estados se preparen; simplemente los reordena como están".

Nuestra persistente inseguridad impacta directamente en costos logísticos, percepción de riesgo e inversión productiva. Cuando territorios estratégicos operan bajo presión criminal, la economía pierde eficiencia y el Estado pierde control efectivo.

La debilidad institucional -aplicación desigual de la ley, lentitud regulatoria, coordinación restringida- erosiona la confianza necesaria para consolidar proyectos de largo plazo. La incertidumbre económica inhibe decisiones estratégicas del sector productivo y limita la capacidad de planificación nacional.

Desde la lógica de Seguridad Nacional, estas variables no son asuntos sectoriales: son factores que condicionan soberanía, competitividad y estabilidad.

"Un país con fragilidades internas amplifica el impacto de cualquier presión externa"

La "condición" de seguridad nacional contemporánea no se limita a la defensa territorial. Incluye protección de infraestructura crítica, resiliencia energética, estabilidad financiera, integridad institucional y capacidad tecnológica.

En una lógica multidimensional, la "estrategia de defensa" no se restringe al ámbito militar; envuelve la protección de ciudadanos e infraestructura crítica frente al terrorismo del crimen organizado, ciberataques, espionaje industrial y coerción económica externa. Blindar estos sectores exige capacidades de inteligencia anticipativa, contrainteligencia, ciberdefensa y coordinación operativa permanente entre fuerzas de seguridad, autoridades regulatorias y sector productivo.

"Sin infraestructura segura, no existe defensa efectiva del Estado".

Desde la perspectiva de la "estrategia del desarrollo", estos activos soportan la soberanía económica; mientras que la estabilidad energética, confiabilidad logística y la resiliencia digital determinan la competitividad industrial y la atracción de nueva inversión estratégica. Una política de desarrollo alineada con la seguridad nacional debe priorizar -autonomía relativa- en sectores críticos, fortalecimiento tecnológico propio y diversificación de capacidades productivas. El desarrollo deja de ser solo crecimiento económico para convertirse en instrumento de estabilidad estructural.

"Sin desarrollo nacional estratégico, la soberanía se vuelve dependiente".

La "diplomacia como estrategia internacional" utiliza la protección y fortalecimiento de estos núcleos estratégicos para negociar desde posición sólida la competencia entre potencias. La diplomacia eficaz debe descansar en capacidades internas creíbles. Los países con infraestructura robusta, estabilidad institucional y claridad estratégica sostienen autonomía decisional ante presiones. La diplomacia es la extensión externa de la fortaleza interna previamente construida.

"Sin capacidades internas consolidadas, la diplomacia solo administra presiones".

La anticipación estratégica implica inteligencia económica, análisis prospectivo y coordinación entre Estado y sector productivo. Identifica riesgos antes de que se materialicen y diseña respuestas estructurales, no reactivas.

"Sin integración entre seguridad-sectores productivos, no hay desarrollo sostenible ni soberanía real".

En el entorno de competencia global sistémica actual, solo los países que planean con visión de largo plazo reducen vulnerabilidades y amplían márgenes de maniobra.

Anticipar implica fortalecer el Estado de Derecho, blindar infraestructura crítica, profesionalizar la inteligencia estratégica y generar certidumbre regulatoria. Involucra, también, la lectura permanente del entorno geopolítico para evitar decisiones improvisadas frente a tensiones externas. "No se trata de confrontar bloques ni de asumir alineamientos automáticos, sino de preservar autonomía estratégica mediante preparación interna".

México no diseña el contexto internacional que enfrenta; solo puede decidir cómo posicionarse ante él. La presión global se intensificará y la competencia tecnológica redefinirá jerarquías económicas y márgenes de poder. Las fragilidades internas dejan de ser asuntos domésticos y se convierten en factores estratégicos que condicionan soberanía, estabilidad y desarrollo.

Prever es ampliar margen de maniobra. Quedar expuestos no es destino; es falta de previsión. Liderar es asumir conducción estratégica, fortalecer capacidades antes de que los riesgos se conviertan en crisis, articular y complementar al gobierno-industria-producción, y apuntalar estabilidad interna.

"La anticipación es la forma más eficaz de ejercer soberanía".

* El autor de esta colaboración es General de División Estado Mayor y Maestro en Seguridad y Defensa Nacionales.

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