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Apogeo y declive

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Apogeo y declive

GERARDO HERNÁNDEZ 22 sep 2026 - 07:41

La elección de Rubén Moreira como gobernador en 2011 coincidió con el declive del PAN, marcado por la presidencia «ilegítima» de Felipe Calderón, y el resurgimiento del PRI con Enrique Peña Nieto, delfín del poderoso Grupo Atlacomulco, cuya divisa era: «un político pobre es un pobre político». En ese interregno, Moreira recurrió al mismo método que le permitió reemplazar a su hermano Humberto: primero, señalar con antelación a su favorito (Miguel Riquelme) y, después, golpear y dividir a la oposición para despejar por completo la ruta.

Experto en guerra sucia, Moreira descargó su inquina en cuadros de su propio partido y en excolaboradores. Javier Guerrero renunció al PRI en respuesta a la andanada y se postuló como candidato independiente; al año siguiente se afilió a Morena y ahora ocupa un cargo importante en el Instituto Mexicano del Seguro Social. El exalcalde de Saltillo y diputado federal, Jericó Abramo Masso, por su parte, denunció presiones de Moreira para que abandonara la carrera por la gubernatura. Noé Garza Flores, funcionario próximo a Moreira, quien supuestamente le debía favores, dimitió al PRI y rompió con el moreirato.

Antes de que el PRI anunciara a su candidato para los comicios de 2017, escribí en estas páginas: «Nadie ignora que el alcalde de Torreón Miguel Riquelme es el delfín de Rubén Moreira. Ser el primero en la línea sucesoria tiene ventajas: asegura el apoyo del PRI y del Gobierno. (...) Sin embargo, ostentar la marca Moreira también tiene bemoles. Riquelme lo sabe. El mayor (de ellos) es la transferencia de pasivos (políticos) de 12 años de Gobierno (como) la deuda de 36 mil millones de pesos (...), las masacres en Allende y en el penal de Piedras Negras, la presunta venta de protección al Cártel de Los Zetas (...) y el hartazgo social contra la firma». El moreirato es nuevo y a lo sumo durará 12 años, anoté.

Riquelme intentó sacudirse la marca y en repetidas ocasiones negó representar el continuismo: «No me apellido Moreira». Empero, nada hizo cambiar de idea a cientos de miles de coahuilenses indignados. El 4 de junio de 2017 acudieron a las urnas para cobrarle al PRI 12 años de cinismo, venalidad y abuso de poder e inclinaron la balanza por el candidato del PAN, Guillermo Anaya. La elección —la más cerrada y controvertida en la historia de Coahuila— fue la que más acercó al estado a la alternancia.

El PRI salvó apuradamente la gubernatura en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) debido a la intromisión del entonces presidente Peña Nieto. Recibir a Riquelme en Los Pinos y ofrecerle colaboración, cuando aún no era oficialmente gobernador —como lo hizo también con Alfredo del Mazo Maza, cuya elección en Estado de México tampoco había sido validada— acaso era la señal que el TEPJF esperaba para dar el triunfo del PRI en Coahuila y terminar con seis meses de incertidumbre.

El moreirato se diluyó como fuerza política y se convirtió en estigma. Expulsado del PRI, Humberto Moreira hizo mutis y rompió lanzas con Rubén, mas no al grado de desvelar secretos compartidos que hundirían a los dos. Rubén emigró y se refugió en Pachuca, Hidalgo. Ahora es secuaz del polémico líder del PRI, Alejandro Moreno, y en el Congreso coordina a los 37 diputados tricolores, cuya bancada es la quinta fuerza solo por encima de Movimiento Ciudadano. El moreirato controla algunos medios de comunicación y aún conserva privilegios, pero perdió influencia política. El manto de la impunidad lo protege... por ahora

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