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OPINIÓN

¡Aquí a la derecha, por favor!

¡Aquí a la derecha, por favor!

ESTEBAN G. ROSAS 9 oct 2026 - 07:36

Cuando nos subimos a un transporte que no es de aplicación (pues esos ya tienen ubicado por GPS nuestro destino), casi siempre le indicamos al chofer, sin que nos lo pida, hacia dónde vamos y cómo llegar. Que si adelante, que si ya nos pasamos, que si a la izquierda o a la derecha. Si el susodicho virtual pasajero representara a los países de Latinoamérica, seguro le indicaría: “¡Aquí a la derecha, por favor! Aquí me bajo; ahí le encargo a mis otros compañeros centroamericanos. Dígales que aquí los espero”.

Esto viene a cuento al comparar la anécdota con los resultados de la jornada electoral del pasado domingo en las elecciones de Brasil. En ese país guapachoso y festivo, observamos la tendencia sudamericana de cambiar de dirección. No solo se viró hacia un modelo de centro derecha de gobierno, pues así lo ofreció en su campaña el Sr. Bolsonaro, sino que el pueblo apostó por su promesa de transformar todo el organigrama del gobierno

Los ciudadanos brasileños, que tienen obligación constitucional de votar, eligieron 388 diputados de derecha contra 124 del partido PT (Partido del Trabajo) de Lula, 39 senadores del Partido PL (Partido Liberal) de Bolsonaro contra 5 que apoyan al presidente Lula y 18 gobernadores contra 5 del PT . No cabe duda que los brasileiros se cansaron de la inseguridad galopante, la inflación y el desempleo que han resultado en la cuarta administración del PT. La mejora en el nivel de pobreza no fue suficiente; se hartaron de la corrupción. Hasta la chica de Ipanema votó por el PL.

Brasil era la joya de la corona de los movimientos de derecha sudamericanos. Los países de esa parte del continente (19) ya están todos cambiando al menos a nuevas maneras de contener los problemas que afectaron sus tejidos sociales. Ojalá que lo logren. Ya no habrá apoyos desde Rusia, Norcorea, Cuba, Venezuela, para los Nicas del presidente “ad infinitum” Noriega, ni para Canel y los pobres cubanos. A ver si no se generan movimientos sociales, ya apoyados por la absoluta mayoría del continente. Ni para dónde voltear.

Sí, claro, estoy de acuerdo con sus preguntas y conclusiones después de leer los párrafos anteriores. ¿Quedamos nosotros fuera del bloque? O ¿no tanto? Les comparto mi opinión, y solo mía; no vaya a ser que sea censurado el medio.

Nuestro modelo económico es bastante neoliberal: impulso al libre comercio, combinado con algunas ideas del Sr. Guevara (el argentino de las camisetas), como el centralismo; algo así como huevo con chorizo con pan con mermelada (prueben la receta; a mí me gusta mucho).

Esta combinación nos ha mantenido muchos años “retrasaditos”, pues el ingreso por cabeza de los mexicanos hoy es igual al del 2016, nadando de muertito pues, pero como somos de naturaleza conformistas, pues “ahí se va”. Puede estar peor.

Por lo pronto ya la inversión privada reaccionó, dando un salto, al crecer en julio y mandar el mensaje de “órale, yo ya le empecé a poner $$. Ahora les toca a ustedes hacer mejoras regulatorias”. “Ándenles”, a entender a quien le caiga el saco

Yo creo que esa es la bronca y confusión que tiene la administración de nuestros vecinos del norte; no saben “si somos de aquí o de allá”, como la canción del inmortal Facundo Cabral. Pero sí saben que somos el último bastión en el continente para de una u otra manera hacer realidad los principios de la doctrina “Monroe”: América para los americanos. Y no podemos apostar a que en los comicios de noviembre en aquel país nos definan como “cuates”. No. Eso no va a pasar. Es nuestra, y solo nuestra, la responsabilidad de definir de dónde somos y hacia dónde vamos.

Nuestras nuevas generaciones (ya algo inquietas y con nuevas aspiraciones) ya presionan a las autoridades para un cambio. Pronto la PEA (Población Económicamente Activa) ocupada y no ocupada va a valorar si quiere un desarrollo para el devenir próximo, o se conformarán con el presupuesto para programas sociales.

A decidir si somos huevos tibios (ni cocidos ni crudos), o le decimos al chofer: “déjeme aquí, más cerca de un destino, y aquí me quedo”. 

Ánimo, que ya no hace calor y podemos decidir mejor.

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