Artistas y gestores culturales cuestionan reubicación del monumento a Francisco Villa
La posible reubicación del monumento ecuestre a Francisco Villa, una de las esculturas más representativas de la capital duranguense, ha generado inconformidad entre artistas, historiadores, escritores y gestores culturales, quienes advierten que la medida implicaría una pérdida simbólica para el patrimonio cultural de Durango.
El debate surgió luego de que recientemente se diera a conocer que la escultura podría ser trasladada al municipio de San Juan del Río, cuna del llamado Centauro del Norte, mientras que en la capital se proyecta la construcción de un nuevo monumento de grandes dimensiones dedicado al revolucionario.
UNA OBRA CON HISTORIA Y COMPLEJIDAD TÉCNICA
El ingeniero duranguense Guillermo Gutiérrez, quien fue secretario de Obras Públicas del Estado en diversas administraciones y participó en la reubicación del monumento a inicios de los años 2000, recordó el complejo proceso técnico que implicó su traslado y montaje.
La escultura, de más de cinco metros de altura y alrededor de seis toneladas de peso, fue transportada originalmente en una plataforma ferroviaria y posteriormente en un camión para su colocación en el cruce del bulevar Francisco Villa, tras la construcción del flujo vial que eliminó la antigua glorieta donde se encontraba.
Gutiérrez explicó que la pieza fue reforzada estructuralmente desde el interior para garantizar su estabilidad.
“Lo que no sabe la gente es que las patas y la cola tienen una estructura en concreto. Dejamos agujeros en la base y en el lomo del caballo y llenamos de concreto todo lo que es el estómago hasta abajo y las patas”, detalló.
Recordó también que el cronista Pedro Ávila Nevárez insistió en que la escultura debía orientarse hacia el norte, al considerar que Villa “no había salido corriendo, sino que había salido hacia el norte”.
El ingeniero advirtió que mover nuevamente la pieza implicaría riesgos si no se realiza con el debido cuidado.
“El monumento tiene que ir en una plataforma que soporte el peso, deben acinturar perfectamente la base y la parte superior, y donde están las patas tienen que puntalar para evitar que se incline hacia adelante”, explicó.
También cuestionó la lógica detrás del nuevo proyecto monumental.
“Si se piensa hacer una estatua de 25 metros, eso ya es otra cosa. Los monumentos no se hacen al capricho; la norma es la historia: quién los construye y quién los financia”, señaló.
Para el exfuncionario, sustituir una obra histórica por otra de mayor tamaño podría responder más a una decisión política que a una reflexión cultural.
“Los resultados no se hacen por egos del gobierno, se hacen con base en una historia. Cuando se quitan placas o se cambia el contexto de una obra, también se le quita parte de su valor”, afirmó.

RECHAZO DE FAMILIAS DE LOS ARTISTAS
Entre las voces que han manifestado su inconformidad se encuentra la artista duranguense Liliana Cortez, nieta del escultor Manuel Soria Quiñones, quien participó en la realización de la obra.
A nombre de la familia Soria expresó su rechazo al traslado del monumento fuera de la ciudad.
“Creemos que hay una falta de información sobre los motivos. No queda clara la justificación ni el presupuesto contemplado para todo este traslado”, señaló.
Indicó que familiares de los artistas involucrados planean convocar a una colecta de firmas ciudadanas para solicitar que se reconsidere la decisión.
“Esta postura no busca perjudicar a la comunidad de San Juan del Río; lo que buscamos es preservar el patrimonio de esta ciudad”.

UNA OBRA QUE DA IDENTIDAD
Para la gestora cultural Corín Martínez, exdirectora del extinto Instituto Municipal del Arte y la Cultura (IMAC) y también exdirectora del Instituto de Cultura del Estado de Durango (ICED), la discusión debe centrarse en el valor simbólico del monumento dentro del paisaje urbano.
“El maestro Francisco Montoya de la Cruz fue un artista plástico muy destacado, no solamente en Durango sino a nivel nacional, y la obra artística de las ciudades, sobre todo la obra pública, es la que les da identidad”, explicó.
Martínez recordó que incluso cuando la escultura fue reubicada por cuestiones viales hace más de dos décadas, ya existía debate sobre su visibilidad.
“Muchos sentimos que cuando se movió quedó un poco escondida. En otros lugares del país hay esculturas emblemáticas que quizá no son tan bellas como este Pancho Villa del maestro Montoya, que realmente es una obra de gran calidad”, comentó.
Por ello consideró que antes de decidir su traslado a otro municipio debería existir una explicación pública más clara.
“Creo que al gobierno le falta explicar ampliamente por qué se está tomando esta decisión, quién realizará la nueva obra y bajo qué criterios”, dijo.

CRÍTICAS AL NUEVO PROYECTO
El escultor duranguense Salvador Salas recordó que la obra fue resultado de un proceso artístico complejo realizado por los alumnos de Montoya bajo su dirección.
La figura ecuestre fue modelada en barro, cubierta con moldes de yeso y posteriormente fundida por segmentos que fueron soldados cuidadosamente para evitar que las uniones fueran visibles.
La colocación final implicó una maniobra con grúa para movilizar una pieza de más de ocho toneladas. Incluso, explicó, el escultor Guillermo Salazar debió introducirse dentro de la estructura para soldar un tirante interno que conecta hasta la cola del caballo y que, junto con las patas traseras, forma parte de la base estructural del monumento.
Para Salas, la obra representa uno de los emblemas de la identidad cultural de Durango.
“No es lo mismo un animal político que un político animal. Pretender construir un gigante de 25 metros confunde grandeza con algo simplemente grandote. La obra del maestro Montoya es verdaderamente grandiosa”, expresó.
El escultor también sugirió que, antes de cualquier traslado, se contemple la restauración de la pieza original y la asesoría de especialistas.
“Lo ideal sería que el maestro Guillermo Salazar, como heredero directo de las enseñanzas de Montoya y único sobreviviente de los realizadores, supervise la restauración y cualquier maniobra de traslado”, señaló.
Salas añadió que el nuevo proyecto monumental parece inspirado en obras contemporáneas de gran escala como El Caballito, del escultor Sebastián, ubicada en Ciudad de México.
“Los ciudadanos ya estamos hartos de ocurrencias que terminan dañando nuestro patrimonio”, afirmó.

MOLESTIA EN LA COMUNIDAD
La artista duranguense Josefina Diez del Real también expresó su rechazo a la propuesta de construir un nuevo monumento de gran escala.
“La comunidad artística no pidió una nueva escultura de 25 metros. Eso parece más bien una justificación para gastar dinero. Nosotros ya contamos con una escultura emblemática”, señaló.
Recordó además que no sería la primera vez que una obra pública es retirada de su espacio original.
“Desafortunadamente esta escultura ya fue retirada de su glorieta una vez, y no es la primera vez que ocurre algo así. También sucedió con el monumento de Francisco Zarco”, dijo.
La artista subrayó que el municipio de San Juan del Río ya cuenta con una escultura dedicada a Villa.
“San Juan del Río tiene una escultura de Villa de pie, de casi tres o cuatro metros de altura, que fue obsequio de Luis Echeverría Álvarez, y se encuentra en el paraje conocido como La Coyota”, explicó.
Por ello consideró que trasladar la obra ecuestre no sería necesario.
“Nosotros no queremos que se traslade. Si se piensa mover, lo mejor sería que regrese a su glorieta original, donde lucía antes”, afirmó.
La artista también criticó el estado de conservación del patrimonio escultórico de la ciudad.
“Es una escultura a la que no se le ha dado mantenimiento, y lo mismo ocurre con muchas otras esculturas que embellecen la ciudad”, comentó.
Diez del Real señaló además que cuenta con registros fotográficos del traslado anterior del monumento.
“Tengo fotografías de cómo se trasladó anteriormente, y creo que la comunidad artística no va a aceptar una nueva escultura. No la necesitamos”, concluyó.

IDENTIDAD, PATRIMONIO Y MEMORIA URBANA
La escritora y promotora cultural Socorro Soto, también exdirectora del ICED, subrayó que los monumentos forman parte fundamental de la identidad de las ciudades.
“Las ciudades en el mundo tienen personalidad propia y esa personalidad se la dan los edificios históricos, los murales, las esculturas, las iglesias y las catedrales. Eso es el patrimonio cultural de una ciudad”, explicó.
Para Soto, el monumento ecuestre a Villa es uno de los símbolos que identifican a Durango.
“No veo ninguna razón para quitarla. Si se quiere colocar una escultura en San Juan del Río, perfectamente se podría hacer otra o incluso una copia, pero la obra original debería permanecer en la ciudad”, afirmó.
También cuestionó la idea de sustituirla por una obra monumental de gran tamaño.
“Eso de las cosas grandototas siempre resulta muy revelador. Muchas veces se hacen obras gigantes para ocultar la falta de proyectos verdaderamente significativos”, expresó.

CUESTIONAN PRIORIDADES CULTURALES
El escritor y periodista cultural duranguense Óscar Jiménez Luna consideró que el nuevo proyecto no responde a las necesidades culturales más urgentes de la entidad.
“La estatua gigante a Francisco Villa no es prioridad, porque Durango ya cuenta con una de excelente calidad. Son más necesarios los museos a Dolores del Río o a los Hermanos Revueltas”, señaló.
El autor agregó que la propuesta podría representar un gasto innecesario para el estado.
“El nuevo proyecto sobre Villa más bien parece un lujo de mal gusto, que los duranguenses pagaremos con más deuda pública”, afirmó.

DEBATE SOBRE PATRIMONIO CULTURAL
Para el artista plástico y catedrático de la Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED), Carlos Cárdenas, integrante del Sistema Nacional de Creadores de Arte, la posible reubicación representaría un precedente preocupante para la conservación del patrimonio artístico de la capital.
“Sería un hecho muy lamentable, un atentado al patrimonio artístico y cultural de nuestra ciudad”, expresó.

UN PROYECTO AÚN SIN INFORMACIÓN CLARA
Aunque se ha mencionado la construcción de un nuevo monumento de aproximadamente 25 metros de altura dedicado a Francisco Villa en la capital, hasta el momento se desconoce con claridad quién o quiénes serían los artistas responsables del proyecto. Tampoco se ha informado públicamente el costo estimado de la obra.
Hasta ahora, el Instituto de Cultura del Estado de Durango no ha dado a conocer detalles sobre los creadores involucrados en el nuevo monumento, mientras que la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas del Estado de Durango tampoco ha proporcionado información sobre el presupuesto o la inversión prevista.
Ante este panorama, especialistas en arte y patrimonio consideran que la discusión no solo gira en torno a la construcción de una nueva escultura, sino a la preservación de una obra que forma parte del legado artístico de Francisco Montoya de la Cruz y de la memoria cultural de Durango.