Foto: Caliente de Durango
Caliente de Durango cerró un recorrido que ya pertenece a la historia del beisbol profesional en la entidad. La derrota ante Sultanes de Monterrey en las semifinales del Stand Norte puso fin al sueño de la Serie del Rey, pero no borró una temporada que rompió un silencio de 48 años sin playoffs para la afición duranguense.
La novena dirigida por Óscar Robles se sostuvo todo el año con una mezcla de bateo oportuno, profundidad en el lineup y un cuerpo de pitcheo que, aunque irregular por momentos, entregó partidos clave en ruta a una campaña inolvidable.
Una fortaleza que se volvió inquebrantable
El punto de quiebre llegó desde el rol regular, cuando Caliente firmó un 51-42 que lo colocó en el segundo lugar del Norte. En casa, el Estadio Francisco Villa se convirtió en un fortín: 28 triunfos y 17 derrotas, una marca que sostuvo al club en los tramos más ásperos del calendario. Figuras como Reynaldo Rodríguez, Jonathan Villar, Webster Rivas y Leobaldo Piña, protagonistas recurrentes en los resúmenes oficiales de la LMB, dieron identidad a una ofensiva que encontró respuestas en casi todos los rincones del orden al bat.
Cuarenta y ocho años de espera e historia
La primera gran campanada llegó en los playoffs. En su regreso a la postemporada, Caliente eliminó a Acereros de Monclova por 4-1, una de las mayores sorpresas del circuito. Ahí apareció el pitcheo de Turnbull, quien firmó salidas de calidad en momentos críticos, respaldado por un bullpen que resistió entradas largas y escenarios de presión constante. La serie confirmó que Durango no solo había llegado a playoffs: estaba listo para competir.
El pase a semifinales los llevó frente a Sultanes de Monterrey, un rival curtido y con plantel profundo. Monterrey venía de dominar a Charros y aterrizó en la serie con ritmo y poder, algo que se reflejó desde el arranque. Caliente peleó cada juego, pero la maquinaria regiomontana terminó imponiendo su experiencia y su bullpen de alto octanaje.
Quedará para los libros de los récords
Aun con la eliminación, el recorrido de Caliente queda como un parteaguas. La franquicia ganó series históricas, llenó el Francisco Villa, devolvió identidad a la plaza y demostró que Durango puede competir en la élite de la LMB. El proyecto de Robles, construido con bateo agresivo, resiliencia y un clubhouse unido, deja una base sólida para el futuro inmediato.
Hoy cayó Caliente, sí. Pero lo que levantó esta temporada, la fe, la plaza, la historia, no se cae. Durango volvió. Y ya no piensa irse.