Foto: Caliente de Durango
Tras la insólita caída en el Estadio Monumental, la novena de Caliente de Durango visitó a Dorados de Chihuahua en busca de revancha en el segundo juego de la serie. Los de Óscar Robles cedieron el primero por 4-1, donde el bullpen de los Villistas contuvo por completo a la ofensiva duranguense, por lo que una victoria resultaba obligada.
El arranque confirmó el guion de un duelo cerrado. Caliente llenó las bases sin conectar de hit, pero tres ponches consecutivos apagaron cualquier intento de ataque. Del otro lado, Elian Leyva respondió con orden, retirando en fila a los primeros seis bateadores y marcando el tono de una noche donde cada lanzamiento pesó.
Auténtico duelo de pitcheo
La tensión creció entrada a entrada. Durango logró colocar corredores en distintos episodios, pero nunca encontró el batazo que abriera el marcador. Chihuahua tampoco descifró del todo a Leyva, aunque comenzó a generar tráfico con sencillos aislados. El cero se mantuvo hasta la quinta, cuando un elevado de sacrificio de Mark Contreras rompió el empate y puso al local arriba 1-0.
El juego se mantuvo en la cuerda floja. Caliente respondió en la séptima con un swing oportuno de David Villar, quien cazó una recta y la mandó del otro lado para recortar distancias 1-1. El jonrón devolvió vida a la visita y obligó a Dorados a mover su bullpen, mientras el ambiente en el Estadio Chihuahua se tensaba ante la posibilidad de que el duelo se inclinara para cualquier lado.
Punto de quiebre chihuahuense
Pero la octava cambió todo. Juan Yepez abrió la entrada con un batazo profundo entre izquierdo y central para devolver la ventaja a Chihuahua. Y apenas un turno después, Alejandro Mejía amplió la diferencia con un cuadrangular de dos carreras que empujó a los Dorados a un 4-1 que ya se sentía definitivo. El golpe llegó justo cuando Durango parecía haber recuperado el pulso del encuentro.
Caliente intentó reaccionar en la novena, pero el relevo local cerró sin titubeos y congeló cualquier intento de remontada. Así, Dorados aseguró la serie en un juego dominado por los brazos y definido por tres swings tardíos, mientras la novena duranguense queda obligada a ajustar para evitar la barrida.