Editoriales

 
OPINIÓN

Cambio de nombre: hipocresía e ideología

Contraluz

Cambio de nombre: hipocresía e ideología

FERNANDO RAMÍREZ GUZMÁN 20 ago 2026 - 07:28

No deja de sorprender que una persona con formación científica, como la Presidenta de México, muestre su gusto por interpretaciones ideológicas maniqueas de la historia de nuestro país, para a partir de ellas generar acciones de gobierno. El pasado domingo, en un acto público en Puebla, propuso renombrar el histórico Paso de Cortés, que es la zona que está entre los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl como Paso de los Pueblos Indígenas. Una muestra más de la interpretación resentida de la historia barnizada por el populismo, que enaltece a los pueblos originarios al tiempo que los mantiene sumidos en la miseria y abandono institucional.

No es la primera ocasión en que la presidenta Sheinbaum, movida por un impostado y cuestionable acto de justicia histórica, ha dinamitado vestigios de herencia española de nuestra identidad mexicana y mestiza en monumentos y sitios de interés. En el 2020, siendo gobernadora de la Ciudad de México, retiró la estatua de Cristóbal Colón de Paseo de la Reforma. En un principio dijo que era para restaurarla, pero terminó colocando en su lugar una réplica de la joven de Amajac. En el 2021, cambió la nomenclatura de la calzada de Puente de Alvarado, un personaje español de la Conquista, por el de calzada México - Tenochtitlán. Ese mismo año modificó el nombre de la Plaza del Árbol de la Noche Triste por el de Plaza de la Noche Victoriosa.

Resulta contradictorio que, al tiempo de fomentar un pretendido supremacismo indigenista, este sector vulnerable siga igual de olvidado y desatendido como siempre. Tanto AMLO como Sheinbaum incluyeron en sus ceremonias de toma de protesta en el Zócalo simbolismos del indigenismo, como el recibir el "bastón de mando", quemar copales y una representación de algún ritual indígena. AMLO dispuso, a través de la estrategia del acordeón, el día de la votación para aspirantes al Poder Judicial, que la presidencia de la Suprema Corte recayera en un perfil de raíces indígenas como Hugo Aguilar.

Sin embargo, las comunidades indígenas siguen padeciendo la falta de clínicas, escuelas, electricidad, agua potable y, desde luego, oportunidades. En plena crisis sanitaria por el Covid-19 se eliminaron dos de los programas que manejaba el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, organismo al que por cierto la 4T le recortó un 32% a su presupuesto. En la última medición de pobreza que realizó el Coneval, del 2018 al 2022 hubo un empeoramiento que mantiene a este grupo con un nivel del 76.8% de pobreza, de los cuales el 35.7% vive en la pobreza extrema, 5 veces más que el resto de la población de nuestro país. Seis de cada diez indígenas permanecen en la pobreza. Entre quienes hablan alguna lengua indígena son dos de cada tres. Para el oficialismo, son pueblos originarios; para Morena, son votos; cuando se oponen a algún proyecto, como el de Bahía de Ohuira, son un estorbo; para el sector turismo, son representantes de nuestro folclor. Los indígenas mexicanos siguen siendo tan victimizados y desfavorecidos como desde tiempos de la Colonia.

Sería mejor que la Presidenta, a quienes sus asesores de imagen la visten con outfits con motivos indígenas para darle un aire de legitimidad, genere políticas públicas que realmente les brinden apoyo, fomentan sus lenguas originarias y sus usos y costumbres. Que contribuyan en erradicar actos racistas en su contra. Cambiar letreritos en las calles o renombrar sitios en muy poco contribuyen a mejorar las condiciones de nuestros hermanos indígenas.

Ladoscuro73@yahoo.com.mx

Noticias relacionadas

EL SIGLO RECIENTES

+ Más leídas de Editoriales