Canasta básica se dispara 4.5% anual y encarece el costo de vida: Inegi
Comprar la despensa básica en la ciudad es cada día un reto más severo para la gran mayoría de las familias. Aunque las cifras oficiales de la inflación general presumen una ligera tregua al situarse en 3.3 por ciento durante agosto de 2026, la realidad en los anaqueles y mercados dice todo lo contrario.
Con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) sobre la línea de Pobreza, la canasta alimentaria en el ámbito urbano se disparó un 4.5 por ciento anual, golpeando con mayor rigor a quienes menos tienen.
De acuerdo con el más reciente reporte sobre Líneas de Pobreza publicado por el Inegi, una persona en la zona urbana requiere ahora como mínimo dos mil 562 pesos con 58 centavos al mes tan solo para alimentarse.
Si a esto se le suman gastos elementales como transporte, ropa, educación y servicios, la cifra requerida para no caer bajo el umbral de la pobreza alcanza los cuatro mil 905 pesos con 33 centavos mensuales por persona.
El encarecimiento no ha dado tregua en productos esenciales de la cocina mexicana y entre los alimentos que registraron los incrementos más desmedidos destaca la cebolla, con un disparo anual del 66.7 por ciento en su precio, seguida por la papa, que sufrió un alza del 44.1 por ciento.
Asimismo, la comida preparada fuera de casa tuvo un aumento del 5.9 por ciento, un factor que pesa de manera considerable en la economía de la clase trabajadora que debe comer cerca de sus centros de empleo.
En el sector rural, aunque el comportamiento fue ligeramente más moderado en el rubro alimentario —con un incremento anual del 3.2 por ciento, situando la canasta básica en mil 910 pesos—, el costo total de vida (incluyendo bienes no alimentarios) trepó un 3.6 por ciento para colocarse en tres mil 515 pesos al mes.
En el caso del ámbito no alimentario, los rubros que más castigaron el ingreso de la población en ambas zonas fueron el transporte público —con incrementos de hasta 9.2 por ciento en la zona rural y 8.4 en la urbana— y los gastos derivados de educación, cultura y recreación.
Con estos números, el Inegi deja al descubierto que la carestía en los insumos de primera necesidad sigue caminando a un ritmo más acelerado que el promedio de la economía, ajustando la soga financiera en el gasto diario de los hogares