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Hablemos de felicidad

Hablemos de felicidad

VANESSA BARDÁN PUENTE 22 mar 2026 - 04:03

El Día Mundial de la Felicidad se celebra el 20 de marzo fue establecido por la ONU en 2012 para reconocer que la felicidad y el bienestar son objetivos universales y fundamentales del ser humano. La fecha coincide con el equinoccio de primavera, símbolo de equilibrio, lo que refuerza la idea de que la felicidad surge cuando hay balance entre lo material, lo emocional y lo social.

Hablar de felicidad como equilibrio no es solo una idea simbólica. Hay países que han convertido ese balance en una forma de vida cotidiana. Un ejemplo claro es Finlandia... Finlandia es el país más feliz del mundo por 7ma vez consecutiva. ¿Por qué? La respuesta radica en la confianza que existe en toda la sociedad finlandesa, justa, igualitaria y que funciona bien, así las personas pueden preocuparse menos y concentrarse en vivir sus vidas, lo cual les que permite sentirse seguras y relajadas. En Finlandia se valora mucho el equilibrio entre el trabajo y la vida privada. La proximidad de la naturaleza y la desconexión que ofrece, el agua limpia, el aire no contaminado y la naturaleza intacta contribuyen en gran medida al bienestar y la felicidad, y fomentan la creatividad.

Felicidad... ¡bah! ¿qué diablos es eso? ¿cómo se come? Pareciera una meta difícil de alcanzar, resulta muchas veces un camino largo y sinuoso, la ansiamos y se nos escapa de las manos, hacemos esfuerzos, pero siempre corre más de prisa, entonces, la gran mayoría simplemente renuncia a ella como algo que pueda perdurar y se conforma con sucesos efímeros.

Aspiramos a vivir en El país de Nunca Jamás, seguimos siendo como esos niños que jamás maduran, y así es muy difícil cimentar las verdaderas bases de nuestra felicidad. La tan ansiada felicidad es un estado de bienestar general, es la sensación de creer y tener esperanza en el futuro, en que las "cosas" estarán bien, sentir ánimos y creer que todo marcha de manera positiva, es una sensación de que la propia vida tiene sentido y es valorada y sentimos alegría, satisfacción y plenitud, donde no hay necesidades que apremien, ni sufrimientos que atormenten.

Las personas confundimos el fin con los medios: el dinero, la familia, el trabajo de nuestros sueños, la pareja ideal... Lo tomamos como cuestiones que colmarán nuestros vacíos y, sin embargo, cuando por fin lo logramos, seguimos teniendo la molesta sensación de que aún falta algo en la ecuación.

Para muchos la felicidad es equivalente a tener "una buena vida", disponer de la situación económica ideal, que permita disfrutar de comodidades y lujos, hasta proclaman: "Quien dijo que el dinero no compra la felicidad es porque no lo gastaba bien". ¿Disponer de más de dinero te haría más feliz?", la mayoría contestaría que sí.... Recientemente, la revista Forbes publicó una comparación académica de la felicidad entre directivos de empresas de alto nivel y personas de la tribu Masai, en Kenia, África. El resultado señaló que no había grandes diferencias entre los que ganaban cien millones de dólares al año y los que apenas llegaban a cien dólares anuales.

Claro, Es innegable que disfrutar de una economía saneada ayuda a mejorar el bienestar; para nuestra supervivencia, precisamos cosas tan elementales como alimento, cobijo, descanso. Podríamos acaso afirmar que la riqueza es como la salud, su total ausencia alimenta la aflicción, pero tenerla no representa garantía alguna de felicidad.

Lo cierto es que la calidad de vida no depende directamente de lo que los demás piensan de nosotros ni de cuánto poseemos, sino que tiene mayor relación con cómo nos sentimos con nosotros mismos y con lo que nos acontece, procede de amar y sentirte amado, de dedicarte a lo que te apasiona, de estar en paz contigo mismo, de haber dotado a tu vida de sentido.

La verdadera felicidad nos inunda de serenidad, esa que nos establece anclados en la tierra y unidos con el cielo, se mantiene a pesar de los descalabros y los baches, esa que nos infunde esperanza y nos permite comprender más allá de las apariencias, la que se va construyendo, tiene mucho que ver con el aumento de conciencia y muy poco con el mundo material, mucho con la fe.

En nosotros se ubica la capacidad de ser felices o miserables, tiene que ver con nuestra conciencia. La dicha no es un resultado de la suerte; no depende fundamentalmente de los acontecimientos extrínsecos, sino de cómo los interpretamos.

Para mí la felicidad consiste simplemente en gozar de buena salud, dormir sin miedo y despertar sin angustia tu ¿Cómo defines tú la felicidad? ¿En qué periodo o periodos de tu vida has sido más feliz? ¿Por qué? ¿Eres feliz ahora mismo? ¿Por qué? No esperes a que todo sea perfecto para ser feliz, replantea tus creencias y confía en ti, porque que la vida no te niega la felicidad y la vida es efímera...

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