Foto: El Siglo de Durango / EFE
El sensible fallecimiento de Chuck Norris reactivó un recuerdo que Durango guardaba en silencio: aquel verano de 1986 en el que el actor, entonces en la cima del cine de acción, filmó parte de Firewalker en tierras duranguenses. No hubo grandes anuncios ni caravanas publicitarias, pero su presencia quedó registrada en la memoria de quienes vivieron aquella etapa en la que el estado seguía siendo un imán para producciones internacionales.
En esos años, Durango ofrecía un catálogo natural que pocas regiones podían igualar: ríos, cañones, llanuras que cambiaban de tono según la luz. Firewalker, cinta de clase B dirigida por J. Lee Thompson, aprovechó esa versatilidad para construir escenarios de templos perdidos y territorios míticos. La producción incluyó al estado dentro de su ruta oficial de rodaje, y varias de sus secuencias exteriores se realizaron en Nombre de Dios, un municipio que desde los sesenta ha funcionado como set recurrente para historias de aventura.
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Una leyenda, en tierras duranguenses
La película buscaba insertarse en la ola de expediciones fantásticas que dominaban la década. Norris compartía pantalla con Louis Gossett Jr., formando un dúo de cazadores de tesoros que se movía entre ruinas, trampas y humor ligero. Para esas escenas, Durango ofreció justo lo que la producción necesitaba, un paisaje capaz de transformarse sin artificios.
El paso de Norris por el estado dejó anécdotas que resurgen ahora. Una de las más recordadas involucra al actor mexicano Miguel Ángel Fuentes, cuyo grito en una escena tomó por sorpresa al protagonista y terminó convirtiéndose en un momento célebre entre los aficionados al cine de acción. Ese fragmento volvió a circular tras la noticia del fallecimiento, como una cápsula del choque cultural y del humor involuntario que a veces nace en los rodajes.
Durango ha recibido a decenas de figuras internacionales, pero la visita de Norris ocupa un lugar particular por su rareza: fue la única vez que filmó aquí. No llegó como estrella de alfombra roja, sino como parte de una producción que buscaba paisajes y encontró, además, una historia que hoy se resignifica.
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