Colapsa sector Salud en medio del brote de sarampión
Durango está pagando las consecuencias de un sistema de salud que lleva años acumulando rezagos, y que exterioriza hoy sin margen a disimulo sus fracturas estructurales. El arranque de 2026 no pudo ser más evidente con 86 casos de sarampión y dos fallecimientos infantiles, mientras trabajadores del sector siguen exhibiendo las carencias en la red hospitalaria.
Aunado a esta crisis sanitaria por el virus que causa esta enfermedad, está también el grave problema de salud mental que en muchos casos deriva en suicidios. El estado registró a finales de 2025 un total de 143 muertes por autolesión, mientras en lo poco que va del presente año ya suman ocho casos. La inversión en esta materia es casi nula.
Dos muestras -apenas- entre tantas otras dificultades en materia de salud por las que atraviesa la entidad; sin embargo, las autoridades podrán admitir o negar que exista una crisis sanitaria; empero, no pueden ocultar más que, frente a indicadores tan alarmantes, el aparato estatal de salud sigue operando bajo inercias burocráticas y preocupantes deficiencias.
El sector Salud no deja de estar en el ojo del huracán, como en los peores días de la pandemia. Nada menos en 74 unidades médicas de la región Laguna (tres hospitales generales, hospitales integrales y centros de salud) trabajadores sieguen denunciando la falta de insumos básicos como jeringas, gasas, material de sutura, medicamentos y equipo especializado.
Dichas carencias son del conocimiento de las autoridades desde hace más de dos años; no obstante, en vez de solucionar reaccionan de manera hostil contra los quejosos. Y es que hasta los hospitales de Gómez Palacio y Lerdo, al estilo malandro, arribaron hace unos días hombres encapuchados para amedrentar a los manifestantes.
La Sección 188 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Salud señala que además hay un preocupante déficit de médicos y enfermeras, especialmente en zonas rurales. Ya ni hablemos de la infraestructura deteriorada, así como de un ambiente laboral que genera estrés creciente debido al acoso de parte de directivos.
En medio de un brote de sarampión que ya cobró dos vidas, la discusión debería girar en torno a estrategias de vacunación, logística sanitaria y prevención. Pero en Durango la conversación se centra en la falta de tomógrafos o en el personal médico que trabaja bajo presión constante y, según denuncian, bajo hostigamiento.
El gobernador Esteban Villegas no puede mantenerse al margen de un problema que rebasa lo administrativo y se convierte en estructural. Tampoco puede minimizar la responsabilidad del secretario de Salud, Moisés Nájera Torres, quien al frente de esta dependencia desestima los cuestionamientos públicos sobre desabasto e infraestructura.
La salud pública no se sostiene con discursos que parecen redactados bajo trastorno de la mitomanía patológica, sino con presupuesto eficiente, planeación y liderazgo. Durango necesita una respuesta inmediata, transparente y verificable. Porque en materia de salud, el costo de la omisión no se mide en números, sino en vidas humanas.
EN LA BALANZA.- Y en más inicios desventurados, Durango comenzó el 2026 ocupando el segundo lugar nacional en tasa de feminicidios. Con tres casos en apenas enero, más que un dato frío es una señal de alarma. Más aun cuando 16 municipios permanecen bajo Alerta de Violencia de Género desde 2018 y, pese a ello, la entidad sigue figurando entre las primeras posiciones del país. No basta con mantener protocolos en el papel ni con reiterar compromisos institucionales; los números revelan que las estrategias no están dando resultados contundentes. Cada cifra representa una vida truncada y una falla del Estado en su obligación de prevenir, proteger y garantizar justicia.
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