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El Estadio Universitario vibró esta noche con la vuelta de las semifinales de la Copa de Campeones de la Concacaf, donde los Tigres de la UANL sellaron su pase a la gran final tras vencer 1-0 (2-0 global) al Nashville SC. El conjunto felino llegaba a su casa con la ventaja mínima obtenida en la ida gracias a un solitario gol de Ángel Correa en Tennessee.
Primer Tiempo
El arranque fue turbulento para los locales; apenas al minuto 12', el capitán Fernando Gorriarán tuvo que abandonar el campo por una molestia física, cediendo su lugar a Juan Pablo Vigón. Nashville aprovechó el desconcierto inicial y tomó la batuta del encuentro, presionando alto y buscando constantemente a Hany Mukhtar, quien puso a prueba los reflejos de Nahuel Guzmán con un disparo cruzado que obligó al 'Patón' a emplearse a fondo para mantener el cero en su arco.
La defensa auriazul sufrió ante los embates de la visita, destacando la figura de Jesús Angulo, quien salvó una jugada clara de gol de Warren Madrigal a costa de un fuerte choque que lo dejó tendido varios minutos. A pesar de que los estadounidenses dominaron la posesión y generaron tres ocasiones claras que silenciaron por momentos a la grada, la falta de contundencia y la solidez de la zaga dirigida por Guido Pizarro permitieron que el descanso llegara con el marcador parcial de 0-0.
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Segundo Tiempo
Para el complemento, el guion cambió radicalmente con el ingreso de Diego Lainez. Los felinos recuperaron el hambre y Ángel Correa estuvo a centímetros de liquidar la serie al minuto 55', cuando un potente disparo suyo se estrelló en el poste tras una serie de rebotes en el área chica. La presión regia creció notablemente, aprovechando que Nashville adelantó líneas en un intento desesperado por igualar el global, dejando espacios que los locales no perdonarían.
El clímax llegó al minuto 68', cuando Juan Brunetta culminó un contragolpe letal, venciendo al arquero Schwake con una definición precisa tras una asistencia magistral de Lainez. Con el 2-0 global, Tigres gestionó los minutos finales con maestría, frustrando cada intento de un Nashville ya entregado al cansancio y la desesperación. Con el silbatazo final, la afición celebró el regreso de su equipo a una final internacional, reafirmando su jerarquía en la región como el gigante de la década.
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