Contra los pronósticos
Los corifeos cantaron su derrota. Dijeron al unísono: nadie se recupera en la segunda vuelta. Al mismo tiempo, en la prensa se celebró anticipadamente un viraje de ese gran país que es Brasil, no hacia la derecha, sino a la ultraderecha. ¿Sabrán el significado de las palabras? De esa manera festejaron su alineamiento con Washington. Es decir, tanto como aplaudir el regreso al pasado de la dictadura militar, pero con redes sociales. A sus 80 años Lula sacó fuerzas de flaqueza y contra los pronósticos, ganó la presidencia en la segunda vuelta contra el hijo del expresidente golpista, Flavio Bolsonaro. El político brasileño ejercerá su cuarto mandato presidencial. Luiz Inácio Lula da Silva es acaso el político más importante de Latinoamérica por el impacto de sus gobiernos en la población. Antiguo sindicalista y luchador social, su carrera viene desde abajo. Proviene de una familia pobre y como tantos abandonó los estudios primarios para entrar a trabajar a los 14 años. Trabajó como tornero en la industria metalúrgica; a los 17 perdió el meñique de la mano izquierda en un accidente laboral. Obrero y sindicalista, saltó a la palestra política contra la dictadura militar y fue uno de los líderes que organizó con valentía y coraje las huelgas de la industria pesada a finales de la década de 1960. Lejos de arredrarse ante la represión gubernamental, fundó el Partido de los Trabajadores. Paulatinamente fue ganando terreno en la política y compitió en varias ocasiones por la presidencia, pero perdió en tres intentos: 1989, 1991 y 1998.
Contra viento y marea, entendió que la política es una carrera de largo aliento, no de velocidad, pero sí de constancia, como un maratón. Esas derrotas lo fortalecieron como el principal líder social de Brasil, hasta que llegó por primera vez a la presidencia para el periodo 2003-2007. Su segunda administración de 2007 a 2011 y su tercer gobierno desde 2023. El reciente triunfo del domingo 25 de octubre se convirtió en toda una hazaña. En números cerrados obtuvo 64 millones de votos, es decir, 51.7 por ciento, y superó a Bolsonaro que sacó 59 millones, 48.2 por ciento. El abierto ultraderechista ya se sentía presidente y en campaña ofreció entregarse a Estados Unidos. No es broma. Pero bien dicen que del plato a la boca se cae la sopa. En ese sentido, hay algo extraordinario en su permanencia de Lula porque logró remontar el resultado adverso de la primera vuelta. Con pocos días para el cierre de las elecciones definitivas se reinventó y escuchó a voces frescas y brillantes como el diputado André Janones quien formó el canal de WhatsApp “Ejército de Lula” con más de 10 millones de seguidores. Pese a tener a Meta en contra, donde ya es común ver la intervención de las grandes tecnológicas en las elecciones, el triunfo de Lula demostró que se le puede ganar a Meta, Facebook y compañía. A partir del Brexit en 2016, las redes sociales y la intervención de Cambridge Analytica jugaron un papel funesto para las democracias. Es fecha que Gran Bretaña no se levanta. Por lo mismo, no perdamos de vista el caso de Brasil, porque la política que ahí se establezca en relación al uso y abuso de las redes sociales en las elecciones y el ámbito público, puede mostrar el camino para otras democracias en el mundo. En muchos sentidos, el triunfo de Lula representa la antítesis del magnate estadounidense, y no se diga la caricatura de Javier Milei en Argentina, quien ya es el salero de los ultras en el mundo. Ojalá venga pronto a México.
En términos generales, Lula pasa a la historia por su legado social y económico. Redujo significativamente la pobreza (cerca de 30 millones), a través de programas sociales como Bolsa Familia y Cero Hambre. Impulsó el crecimiento económico y el empleo, al mismo tiempo fortaleció el salario mínimo y recientemente bajó la jornada laboral a 40 horas. En el ámbito internacional afianzó su liderazgo a través del bloque de los BRICS, y al igual que en su juventud, no se amilanó frente a los embates de Donald Trump. Por el contrario, reafirmó la soberanía del país. Desde el llamado Sur Global, Brasil marca la pauta en el mundo.
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