Corrupción: sombra en la delegación de Bienestar
La delegación de Bienestar en Durango se ha convertido, desde hace años, en una oficina marcada por la desconfianza. Antes se llamó Sedesol y fue señalada por prácticas clientelares en los gobiernos del PRIAN; hoy, bajo el discurso de la Cuarta Transformación, sigue siendo un espacio donde los cuestionamientos no desaparecen, solo cambian de forma y actores.
La llegada de Catalina García Quintero, en septiembre de 2025, se presentó como un relevo necesario tras la salida de Jonathan Jardines, quien terminó envuelto en acusaciones por uso indebido de programas sociales e intervención electoral. Todo comenzó con audios filtrados, denuncias en redes y exigencias de la oposición. Muy similar a lo que hoy comienza a darse.
Apenas cuatro meses después de su arribo, García Quintero enfrenta ya una narrativa que empieza a tomar cuerpo. No se trata -hay que decirlo con claridad- de denuncias formales ni de investigaciones judiciales en curso, sino de una serie de publicaciones anónimas en redes sociales que la señalan por presuntos actos de corrupción.
A la señora Carolina García se le asocia con manejo discrecional de recursos y favoritismo político al interior de la delegación de Bienestar. Nada está probado, pero tampoco desmentido de fondo. No obstante, en política la percepción suele pesar tanto como los hechos, y pasar de la presunción a la culpabilidad en cualquier momento.
La experiencia e historias recientes en el caso de Bienestar, han demostrado que cuando los señalamientos se acumulan y no se atienden con claridad, el desgaste llega rápido hasta que el costo se hace insostenible. Más aún cuando la delegación administra programas sociales, que son la principal bandera del gobierno federal y una de las columnas del proyecto de la 4T.
A este escenario se suma un elemento incómodo para algunos en Morena. Y es que el pasado político de la delegada no proviene de las filas fundadoras del movimiento. Su trayectoria está ligada al PRI, a figuras como el exgobernador Jorge Herrera Caldera y el expresidente Enrique Peña Nieto, además de su reciente paso por la administración que encabeza Esteban Villegas.
Para el morenismo sometido a los designios que se dictan desde el Bicentenario, Carolina podría ser vista como una buena delegada; sin embargo, para una militancia genuina que presume congruencia y ruptura con el pasado, el origen de la encargada de los programas sociales del Gobierno de México en Durango, no es menor.
El caso es que la delegación de Bienestar en Durango sigue atascada en un hediondo pantano, ahora encabezada por un perfil que muchos identifican más con el antiguo régimen que con la transformación. Cambiarán los gobiernos y se renovarán los discursos, pero el ruido alrededor de esta dependencia vuelve, una y otra vez, a instalarse en el mismo punto: la corrupción.
EN LA BALANZA.- Mientras el gobierno insiste en incrustar la idea de que la mayor cantidad de duranguenses desaparecidos se ha dado fuera de Durango, en las calles hay madres, padres y familias enteras pegando fichas de búsqueda porque ya no esperan respuestas institucionales. Aquí siguen desapareciendo jóvenes, hombres y mujeres, y el dolor no distingue fronteras administrativas. Las marchas van y vienen, las promesas se repiten y los resultados no llegan; por eso hoy la búsqueda ya no se deposita en expedientes, sino en los muros, los postes y la solidaridad ciudadana. Quienes buscan a su ser querido salen a pedir ayuda a la gente porque, en el fondo, han perdido la fe en una autoridad más preocupada por el relato que por encontrar a los ausentes.
X: @Vic_Montenegro