Cuentas mochas
Sigue la controversia sobre las cifras de inseguridad. El gobierno federal monopoliza los cálculos nacionales, pero es derrotado por los estatales y municipales; lo cual permite entender la condena a la estrategia nacional reflejada en las encuestas.
En la mañanera del martes 16 de junio, la presidenta estaba contenta: en los primeros veinte meses de su gobierno se redujeron los homicidios dolosos en un 46 por ciento. Sin embargo, ninguno de los periodistas presentes lo celebró o preguntó; y la prensa capitalina tampoco le dio demasiada importancia; concedió a la noticia un espacio modesto en las primeras planas.
El desinterés tal vez se explica porque aun quienes aceptamos que la estrategia en materia de seguridad de la actual presidenta es la mejor desde el sexenio de Miguel de la Madrid, nos quedamos desconcertados con la terquedad con la cual mantienen la perniciosa práctica de maquillar las cifras.
En abono de lo anterior, debe considerarse que la situación de las personas desaparecidas y no localizadas suele abordarse en los informes mensuales. El 27 de marzo pasado se presentó una versión oficial del asunto que, aunque no resuelve todas las dudas, proporciona un punto de referencia para su revisión.
Otro problema está en la dificultad de analizar los informes, toda vez que están armados con insumos de las fiscalías de los estados, del INEGI y del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, y solo tenemos acceso parcial a ellos.
Por tanto, las batallas sobre los conteos se libran a nivel local donde el relato oficial generalmente sale derrotado. Lo ejemplifico comparando Morelos y Sinaloa y tomando como referente la Operación Enjambre, que desde 2025 detiene a los gobernantes y empresarios que protegen a los delincuentes; es decir, intervienen en el corazón que bombea de impunidad las arterias nacionales.
En la mañanera referida, Marcela Figueroa Castro, titular del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, aseguró que los homicidios en Morelos se redujeron en mayo un 49 por ciento gracias al "reforzamiento de la estrategia de seguridad" y a las "detenciones de exfuncionarios y autoridades municipales". Esta última frase es clave porque establece una relación causal entre el ataque a los lazos de impunidad y la reducción de los delitos de alto impacto.
Francisco Montaño, de El Debate de Culiacán, estableció la relación causal y en esa misma mañanera lanzó a la presidenta la pregunta obvia: ¿Por qué no hay en Sinaloa un operativo similar al llevado a cabo en Morelos? La presidenta se escabulló atrás de una copiosa porción de generalidades que coincidió con un texto de Adrián López, director de El Noroeste de Culiacán, para El País de España (Sinaloa, entre la pérdida y el deterioro, 17 de junio de 2026).
López fue directo: los homicidios "no han bajado ni 44%, como ha dicho García Harfuch, ni 63%, como 'replicó' Luisa María Alcalde". Luego mencionó un sistema de conteo social en el que participan, entre otros, El Noroeste y "colectivos de buscadoras como Sabuesos Guerreras y Por las Voces Sin Justicia", los cuales tienen cifras superiores a las gubernamentales. Ejemplo: entre septiembre de 2024 y mayo de 2026 el diario ha contado 3,409 muertes violentas y el gobierno federal 2,829. La diferencia es de 580 víctimas.
Otro ángulo es la lista de entidades con más homicidios dolosos. La Operación Enjambre incluye a cinco de los primeros seis; el expulsado es Sinaloa que está en cuarto lugar. La única explicación plausible es que Morena controla la cúpula gobernante de Sinaloa y es ejemplo de la participación del crimen organizado en el proceso electoral. Como sacan a Sinaloa por criterios políticos, el gobierno tiene que hacer malabares para dejarlo fuera en las comparaciones.
El resultado es el maquillaje de las cifras que la administración de Sheinbaum practica desde el primer informe. Dulce Torres Hernández -investigadora del Seminario sobre Violencia y Paz de El Colegio de México- analizó los primeros 108 y encontró las cuatro principales modalidades de cosmética oficialista (el texto completo saldrá en los próximos días).
Los informes federales sobre seguridad tienen una parte sólida y otra maquillada. Seguimos siendo una república con cuentas mochas.