De aquel Andy presidenciable...
El precipicio político al que ha caído Andy López Beltrán es un raro triunfo de la sociedad mexicana frente al gobierno autoritario. Nos hemos acostumbrado a que los morenistas que cometen delitos siempre salen impunes de la acción de la justicia y nunca pagan costos electorales por sus tropelías. No hay escándalo que les pegue ni a ellos ni a su partido. Frente a esta abrumadora impunidad judicial y política, lo de Andy representa una luz de esperanza de que no todo está perdido para un México que se niega a ceder en los ideales de honestidad y democracia.
Hace apenas tres años, Andy López Beltrán era el ungido para ser el candidato presidencial de Morena en el 2030. El plan de su padre, el presidente López Obrador, era Claudia primero y Andy después. Se presentaba como el privilegiado interlocutor del gobierno de su papá ante grandes empresarios y autoridades extranjeras. Recorría el país operando y había logrado colocar a sus amigos en puestos clave desde donde repartía contratos y presupuestos.
De aquel Andy presidenciable no queda nada. Hoy es el símbolo de la corrupción. La caricatura del clásico junior repudiado que usa el nombre del papá para volverse traficante de influencias, delincuente de cuello blanco, coyote. El periodismo que decidió no doblarse fue investigando y presentando las pruebas. Documentos, grabaciones. Los contratos para sus cuates, sus excéntricas compras y estancias en el extranjero, sus amigos fanfarroneando en llamadas telefónicas: "somos la red de corrupción". La ciudadanía completó el cuadro: lo fotografiaron en primera clase, en restaurantes de lujo, con ropa de marca, de shopping en el extranjero. Por si fuera poco, su nombre apareció en el expediente del huachicol fiscal, elaborado por la Fiscalía del propio gobierno federal.
La gente no es tonta. Hasta quienes adoran al papá se dan cuenta de los abusos del hijo. Las encuestas lo empezaron a reflejar como uno de los políticos con imagen más negativa. Hasta un 70% de la gente pedía que fuera investigado. Incluso en Morena les empezó a avergonzar. No lo dijeron en voz alta, por respeto a "ya saben quién", pero no hay morenista que "en corto" no admita que las transas de Andy son inaceptables. Que está destruyendo el legado del papá. Lo terminaron corriendo de la dirigencia de Morena ante sus catastróficos resultados en Coahuila. Andy logró lo imposible: que Morena perdiera estrepitosamente una elección.
Y en eso llegó lo de la visa. El viernes, el propio junior anunció en sus redes sociales que Estados Unidos le había quitado la visa. Nadie sabe por qué se la quitó. ¿Fue que ya contó del cash su íntimo amigo de Sinaloa, el exsecretario de Finanzas de Rocha Moya que se entregó? ¿Fue que ya hablaron otros capos ante las cortes americanas? ¿Fue la colusión con organizaciones criminales desde el poder? ¿Fue el expediente de huachicol que existe tanto en México como en Estados Unidos? ¿Fue el lavado de dinero con sus amigos y los contratos? Seguramente pronto sabremos.