De política y cosas peores
“¿Recuerdas cómo nos conocimos, mi amor? -le preguntó con ternura el novio a su dulcinea al principiar la noche de las bodas-. Subiste al autobús, y yo te cedí mi asiento. Las vueltas que da la vida, cielo. Ahora te toca a ti cederme el tuyo”. Mi grupo en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Indiana parecía la Liga de las Naciones. Si mis cuatro lectores me lo permiten recordaré a algunos de mis compañeros: Nobuyuki Takaki, de Japón; Ahmed-alGriew, de Libia; Constantin Skouras, de Grecia; Josef Tichy, de Checoeslovaquia; Andrea Hadjipapas, de Chipre; Desmond Leong, de Malasia; Mike Anamzoya, de Ghana; Dong Peng, de Corea: Ramón Medina Mosqueda, de Venezuela; Luis Espinosa, de Panamá y yo de México. Mi apodo allá fue “El Mañana Fuentes”, por la fama que teníamos los mexicanos de tomar la vida a la ligera y dejar todo para después. El director era el profesor Floyd Arpan, quien una vez estuvo en Acapulco y supo que hay aquí tres clases de salsas: hot, hotter y hotter than hell. Uno de nuestros maestros se ganó por su afabilidad y gentileza el mote de Uncle Jim. Fue piloto en la Segunda Guerra, donde completó 25 misiones, y ya de civil se ponía nervioso cuando viajaba en jet, pues pensaba que tan enorme avión no iba a poder despegar. Recuerdo igualmente al decano Stempel, que un día me reprendió seriamente porque me vio leyendo la revista “Mad”. Hago estas evocaciones con motivo de que hoy es el gran partido de futbol americano entre los Hoosiers de Indiana y el equipo de la Universidad de Miami, que se disputarán el campeonato nacional. Veré el juego -por la tele, claro-, y durante el tiempo que dure el encuentro no existiré para el mundo, lo cual al mundo seguramente le importará sorbete. No prenderé una veladora para pedir que gane Indiana, pues de Yogi Berra aprendí un sano laicismo deportivo. En cierta ocasión un pelotero latino se dispuso a batear, y antes de hacerlo trazó con el bate una cruz junto al home plate. El legendario catcher de los Yanquis la borró con su mascota -así se llama el guante de los catchers- y le dijo al bateador: “Deja que el Señor se limite a ver el juego”. Seguiré, pues, el gran partido de hoy. En apuros se verán los aficionados de Miami, pues su equipo es el de casa, pero Fernando Mendoza, el extraordinario quarterback de Indiana, es originario de Miami. Por mi parte no habré de dudar: apoyaré junto con mis hijos y mis nietos al equipo de la que fue y sigue siendo mi Universidad, la de Indiana en Bloomington, casa de estudios donde reafirmé mi convicción en el sentido de que tanto en el periodismo como en la vida cívica la libertad ejercida con responsabilidad es bien valioso que se ha de defender.
Go, Hoosiers!... Don Poseidón, granjero acomodado, fue en compañía de su esposa a comprar un toro semental. El dueño de los afortunados animales le mostró uno. “Este toro es muy bueno -le informó a don Poseidón-. Lo hace dos veces seguidas”. La señora oyó aquello y le dio un codazo a su marido al tiempo que le dijo en voz baja: “¿Ya ves?”. Don Poseidón no contestó. El hombre trajo otro toro. “Éste es mejor. Lo hace tres veces seguidas”. Nuevo codazo de la señora a don Poseidón: “¿Ya ves?”. Trajo un tercer toro el individuo: “Éste es el campeón. Lo hace cuatro veces seguidas”. Otro codazo y otro “¿Ya ves?”. Ahora sí ya se atufó don Poseidón. Le preguntó, molesto, al de los toros: “Oiga usted: eso de dos veces, tres veces, cuatro veces seguidas, ¿es con la misma vaca o con vacas diferentes?”. Respondió el hombre: “Es con vacas diferentes”. Entonces fue don Poseidón el que le dio un fuerte codazo a su mujer: “¿Ya ves?”. FIN.