Editoriales

 
OPINIÓN

De política y cosas peores

De política y cosas peores

ARMANDO CAMORRA 17 mar 2026 - 08:37

El elefante vio a un hombre en cueros. Le preguntó: “¿Y con esa trompilla puedes tomar agua?”. La exhausta mujer de la Edad de Piedra le dijo mortificada al cavernario: “Ay, Troglo. No porque todavía no se haya inventado la televisión quieras estar todo el día a duro y dale”. El furibundo genitor de Dulcibel apuntó con su escopeta cuata -de dos cañones- al asustado galán de su hija, y le dijo a la muchacha: “No me importa que no te haya gustado cómo te lo hizo. Tienen que casarse”. “Los hombres somos animales de costumbres” -comentó un pensativo parroquiano en la barra del Bar Ahúnda. “¿Por qué lo dice?” -quiso saber el cantinero. Respondió el cliente: “Ayer fue mi noche de bodas. Al terminar el acto del amor me dejé llevar por el hábito de muchos años. Tomé mi cartera y le di mil pesos a mi esposa”. “¡Qué barbaridad! -exclamó el barman-. ¡Con razón está usted aquí!”. “No estoy aquí por eso -precisó el bebedor-. Estoy aquí porque ella me dio 200 pesos de cambio”. “Deja más un metro de mostrador que 20 hectáreas de labor”. Los comerciantes tienen dichos muy sabios. “Vende cuando te compren, y compra cuando te vendan”. Esa sentencia se aplica sobre todo a los inmuebles. Ahí tiene validez también otro apotegma que pese a su sonoridad puede ser calificado de sapiente: “En la compra de bienes raíces el tiempo te quita lo pendejo”. Es cierto. Pongamos por ejemplo que adquieres una finca. Generalmente alguien te dirá: “Pendejo. Pagaste mucho por ella”. Al paso de los años, sin embargo, el valor del dinero baja, y el de la finca sube. “Casas y terrenos nunca se hacen menos”. Entones te juzgan sabio por haber comprado aquella finca. Para sacar adelante el tristemente célebre Plan B la Presidenta Sheinbaum compró, y el Partido Verde y el PT vendieron. A la venta están siempre estos llamados partidos que son en verdad empresas propiedad de politicastros que se han enriquecido parasitariamente a costa del trabajo de los mexicanos.

Desde luego, la política es oficio de do ut des, te doy para que me des, pero en este caso esa vergonzante transacción lleva ínsito un nuevo golpe a la ya moribunda democracia en México. Un momentito, por favor. Voy a ver qué significa eso de “ínsito”. Define el diccionario: “Propio y connatural a algo”. Ahora entiendo. La representante de López Obrador hubo de ceder ante el chantaje de esas dos bandas, cuyos capitostes se vendieron caros a fin de poder seguir pegados a la ubre del erario. Cosas de la política son ésas. O, más bien dicho, de la politiquería. Un esposo oprimido se quejó ante el juez: “Desde hace varios años mi mujer me arroja los platos a la cabeza”. Inquirió el letrado: “¿Y por qué hasta ahora viene a quejarse?”. Respondió el marido: “Es que últimamente ya ha agarrado puntería”. El marido y su mujer fueron a la exhibición de cuadros de un pintor con quien tenían trato. Vieron un desnudo femenino, y de inmediato el hombre advirtió el enorme parecido que la mujer de la pintura tenía con su esposa. Le preguntó, amoscado: “¿Posaste desnuda para el pintor?”. “N-no -respondió, nerviosa la señora-. Debe haber pintado el cuadro de memoria”. En el Grupo de Temperancia “Baconó”, formado por personas de ambos sexos en trance de renunciar a la bebida, el director pasaba lista de asistencia por orden alfabético: “Facilisa F.”. Nadie contestó. Repitió el nombre: “Facilisa F.”. Silencio. En vista de la ausencia de la mencionada socia el otro continuó: “Ciriaco G.”. “Seguramente - se escuchó una voz-, porque lo borracha ya se le quitó, pero lo cachonda no”. FIN.

Noticias relacionadas

EL SIGLO RECIENTES

+ Más leídas de Editoriales