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OPINIÓN

De Política y Cosas Peores

De Política y Cosas Peores

ARMANDO CAMORRA 30 abr 2026 - 07:43

“Mi esposa me dejó para irse con mi mejor amigo”. Eso le dijo Castoro a Polucino en una mesa del Bar Ahúnda. El otro se quejó: “Pensé que yo era tu mejor amigo”. “Lo eras -replicó Castoro-. Jamás he visto al tipo con el que se fue mi mujer, pero ahora él es mi mejor amigo. Tú ocupas un honroso segundo lugar”. Ayer, igual que todos los días, me levanté de madrugada a escribir esta columna. 

La taza de café llena, la mente vacía, vi la pantalla de la computadora como un gran monstruo blanco que se alzaba desafiante frente a mí. Debía yo llenar con palabras a ese endriago, pero ninguna llegaba a socorrerme. Decidí entonces dar rienda suelta al pensamiento y poner lo primero que se me ocurriera. Fue así como vine a parar en los campos de la recordación. 

Muchas y muy variadas vocaciones he tenido a lo largo de mi vida (y ahora también a lo ancho por la luciente panza de canónigo de la cual me enorgullezco, pues da constancia fidedigna de comeres y beberes memorables). He sido actor, torero, director de orquesta, conferencista itinerante. 

Ah, y escribidor. Aprendiz de todo y oficial de nada, de cada uno de esos mesteres he derivado satisfacciones grandes. Mi pasado más presente, sin embargo, es el de profesor 

Durante medio siglo fui maestro Me emociona ver que quienes fueron mis alumnos y alumnas guardan de mí un recuerdo grato. La verdad es que no hice sino seguir el ejemplo de los buenos maestros que tuve. 

La querida Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Coahuila es mi Alma Mater. En ella impartí la asignatura de Teoría General del Estado. Alguna vez propuse a mis estudiantes una idea que quizá sonará a aristocrática, y seguramente lo es: “El mejor gobierno sería el de los pocos mucho en beneficio de los muchos poco”. 

Explicaba ese galimatías. Los “pocos mucho” son aquellos que han recibido bienes de educación o de fortuna, y que forman por eso una élite privilegiada. Dueños del poder económico y político, deben ejercerlo para beneficio de los “muchos poco”, la inmensa mayoría de quienes por su origen y condición social no tuvieron acceso a esos bienes. Ideal platónico es el que mostraba a mis alumnos, pero hoy por hoy tiene vigencia cuando nos vemos regidos por un bando -banda, dirán otros- a cuyos integrantes se ha pedido un 10 por ciento de capacidad y un 90 por ciento de incondicionalidad. 

De aristocracia puede calificarse la forma de gobierno que exponía yo en el aula -etimológicamente un gobierno aristocrático es el ejercido por los mejores-, y sucede que en Morena hay muchos malos elementos que formarían lo que algunos politólogos designan con el feo nombre de “cacocracia”, el poder en manos de los peores. Por ese mal camino vamos: el de un régimen que por encima de su palabrería demagógica ha mostrado ineptitud y corrupción. Advierto, sin embargo, que por estar divagando ya se me enfrió el café. 

Voy a prepararme otro. La esposa de don Colatino salía todas las noches de su casa, y regresaba en horas de la madrugada. “Tengo un trabajo” -le explicaba a su marido. Cierto día el señor fue con sus amigotes a una casa de mala nota, y cuál no sería su sorpresa -frase inéditacuando vio ahí a su mujer ejerciendo la antigua profesión del meretricio. Iracundo, prorrumpió en voces denostosas. Le dijo ella: “Yo vengo aquí a trabajar y a ganar dinero para la casa. 

Tú vienes a divertirte y a gastar el dinero en cosas indebidas. ¿Y aun así me regañas?”. No cabe duda: cualquier varón con un ápice de inteligencia sabe que la lógica femenina es implacable, y que discutir con una mujer conduce siempre a la derrota.

FIN. 

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