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OPINIÓN

De Política y Cosas Peores

De Política y Cosas Peores

ARMANDO CAMORRA 16 sep 2026 - 08:04

El azarado galán le dijo al padre de su novia: “Vengo a pedirle la mano de su hija”. “¿La mano? -contestó, desdeñoso, el genitor-. Se ve, joven, que es usted hombre de ambiciones limitadas”. Jactancio Elátez, a más de ser sujeto vanidoso, es también cínico. La otra noche conoció en una fiesta a una linda chica, y con la seguridad que da el exceso de autoestima le hizo de buenas a primeras una proposición salaz. Ella se irritó: “No confunda”. “Está bien -concedió Jactancio-. Lo haremos sin funda”. El camino era fragoso y cuesta arriba. Los campesinos iban en los burros, y sus esposas a pie. Una mujer de la ciudad vio eso y comentó, molesta: “¡Qué desconsiderados!”. Le dijo una de las campesinas: “Preferimos que sean eso que usté dice, y no que por la noche estén cansados”. (Más calienta una pierna de varón que 10 kilos de carbón). En Grecia había muchos filósofos griegos. De cada dos griegos uno era filósofo; el otro no. Cuando nacía un niño griego y lloraba más de lo acostumbrado su mamá decía: “Éste va a ser filósofo”. Algunos filósofos griegos eran peripatéticos, y ni siquiera se ofendían si se les llamaba así. Impartían sus lecciones caminando; sus discípulos debían ir tras ellos a buen paso para oírlos. Unos acudían a esos filósofos por sus enseñanzas; otros porque les hacía bien el ejercicio. Tantos filósofos griegos había en Grecia que actualmente se les puede atribuir cualquier frase sin necesidad de recurrir a Confucio o Napoleón. “Dijo un filósofo griego.”, y a continuación la frase, aunque sea una pendejada. (No sé cómo se dice esa palabra en griego. De seguro ha de sonar muy fuerte, como “batracomiomaquia”, “enautontimoroúmenos” o algo así). El caso es que un hombre le preguntó a cierto filósofo (griego) cuánto le cobraría por educar a su hijo. El filósofo le dio a conocer el monto de sus honorarios. El hombre se enfadó. Le dijo: “Con ese dinero podría comprarme un burro”. “Cómpratelo -le respondió el filósofo-. Así tendrás dos”. Ingeniosa respuesta, propia de un filósofo griego. Ahora bien. México, según los resultados de la prueba PISA, es un país asnal, aunque nos duela decirlo, y más aún reconocerlo. Ocupa uno de los últimos lugares del planeta en aprovechamiento escolar. La Presidenta y el secretario de Educación (sic) niegan la validez de tal prueba, pero eso es como correr atrás del sol para entregarle una carta. Así decían nuestros abuelos cuando hablaban de algún empeño inútil. Todo indica que los niños y jóvenes mexicanos andan mal en el renglón de números, y peor aún en el de letras. Al parecer los alumnos de maestros de la CNTE no pueden distinguir entre las letras y los números. Y algunos de los maestros tampoco. Las nuevas generaciones ya no leen, siendo que ahora todo mundo escribe. Es una pena. Nos hace falta traer por lo menos una docena de filósofos griegos, sobre todo si son de la antigüedad. La mamá del joven Tirilito asegura que el universo está echado a perder. “Ya no hay religión” -dice. Lo prueba el hecho de que las mujeres visten pantalones y los hombres ya no usan sombrero. Opina que todas las chicas son descocadas, y todos los chicos, excepción hecha del suyo, unos pelafustanes. Emplea esa palabra ya olvidada: “pelafustanes”. Preocupada por la descomposición moral le preguntó llena de inquietud a su hijo: “¿Estás saliendo con muchachas buenas?”. “Sí, madre -respondió Tirilito-. No tengo dinero para salir con muchachas malas”. El médico se sorprendió al ver a la paciente cuyos atributos pectorales apuntaban hacia arriba. Le dijo: “Señora: las pastillas que le di eran para su marido”. (No le entendí). FIN.

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