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OPINIÓN

De Política y Cosas Peores

De Política y Cosas Peores

ARMANDO CAMORRA 8 oct 2026 - 07:32

El hombre siente la vocación de las alturas. ¡Vaya manera sonorosa de empezar tu artículo, escritor! Parece frase de concurso de oratoria. (El orador: "Yo no soy un Demóstenes". Una voz desde la galería: "Sí has de ser, cabrón; lo que pasa es que te haces pendejo". ¿A qué tan altílocuo exordio? Es que mientras tomaba hoy mi café en la penumbra de la madrugada vinieron a mi memoria las caminatas que de joven hacía con mis amigos por el Cañón de San Lorenzo, bellísimo paraje de la sierra de Zapalinamé, nombrada así en homenaje al caudillo de aquellos "bravos bárbaros gallardos", los pobladores originarios de este suelo, que combatieron a los europeos y finalmente se acabaron, pero nunca se rindieron.

Ese lugar que digo es patrimonio natural protegido, pues la riqueza y variedad de su flora y su fauna lo hacen único. Ahí el pino, el madroño y el encino. Ahí el puma, el oso y el venado. El Cañón está al cuidado de un patronato formado por personas amantes de la naturaleza, que llevan a cabo una eficiente -y amorosa- tarea de conservación que los saltillenses aplaudimos y agradecemos. En tiempos de mi primera juventud subí con buenos camaradas al Picacho, la cumbre de más altura en la montaña, y escalé el Penitente, formación rocosa que figura la cabeza de un hombre alzando el rostro al cielo en actitud de súplica.

Alguna vez hice noche en los Aguajes, donde por la mañana vimos una majestuosa manada de briosos caballos salvajes. He aquí que las diluviales lluvias de estos días han alimentado los manantiales en los senos de la tierra, y el periódico Vanguardia, mi casa de trabajo en Saltillo, publicó una foto de la cascada que miré a los 20 años, y cuya agua, agua bendita, bebí como en eucaristía.

Nunca hay que perder el contacto con la tierra, pues de ella estamos hechos. (Desde luego ese contacto no ha de ser como el del tío de Pepito. La esposa del señor decía que su marido era muy realista; nunca despegaba los pies de la tierra. Preguntó Pepito: "¿Y entonces cómo se pone los calzones?"). La naturaleza es la tarjeta de presentación de Dios. Cuidemos de ella, para que ella cuide de nosotros. El ejemplo del patronato del Cañón de San Lorenzo debe ser imitado en todas partes.

La joven pasajera que ocupaba un asiento del autobús lucía un esplendente busto que sobresalía, exuberante, de la apretada blusa. De pie iba un señor que no podía apartar la vista de los dos ebúrneos hemisferios. Otro se dirigió a él en tono amenazante: "¿Qué está usted mirando?". "N-nada" -se turbó el señor. Le dijo el hombre: "Entonces hágase a un lado, para poder ver yo". (Deslumbrantes los versos de Ramón López Velarde cuando en "La suave patria" habla de "las cantadoras que en las ferias, con el bravío pecho empitonando la camisa, han hecha la lujuria y el ritmo de las horas").

El cliente del restorán Fibio, de carnes y mariscos, le dijo con enojo al camarero: "Esta carne tiene muchos nervios". "Se explica, señor -respondió el mesero-. Es la primera vez que se la van a comer". Eduardo Zamacois, escritor español, visitó la Ciudad de México en el pasado siglo, y se encantó con los nombre de las pulquerías: "La reforma de la Virgen", "Las glorias de Júpiter", "Los recuerdos del porvenir". Este último le sirvió a Elena Garro para titular su novela.

Un astroso sujeto llegó a una de esas pulquerías, y con tartajosa voz le pidió al encargado: "Deme tres litros de pulque". Preguntó el hombre: "¿Traes recipiente?". Respondió el individuo: "Con él está usted hablando". (Agua de las verdes matas, tú me tumbas, tú me matas, tú me haces andar a gatas").

FIN.

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