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DURANGO ANTIGUO

Del esplendor novohispano a la cultura: la historia del Palacio del Conde del Valle de Súchil

El Palacio del Conde del Valle de Súchil forma parte de los inmuebles históricos que dan identidad al centro de la capital duranguense.

Del esplendor novohispano a la cultura: la historia del Palacio del Conde del Valle de Súchil

DANIELA L. ALMAGUER 11 oct 2026 - 16:42

En el Centro Histórico de Durango, entre las calles que conservan la memoria de la ciudad, se levanta un edificio que permite ver de cerca lo que fueron las aspiraciones de las élites novohispanas. Se trata del Palacio del Conde del Valle de Súchil, un lugar que destaca por su arquitectura del siglo XVIII, sus detalles ornamentales y una historia que ha atravesado distintas etapas, desde su origen como residencia señorial hasta su actual función como espacio cultural.

Y es que este lugar es la descripción de historia, pues en sus muros permanecen huellas de diferentes épocas, desde elementos decorativos originales hasta vestigios de pintura mural. Actualmente, el inmueble alberga la casa de cultura vinculada a Fomento Cultural Banamex, donde el patrimonio arquitectónico convive con exposiciones y actividades abiertas al público.

PALACIO DEL SIGLO XVIII

La historia del inmueble se remonta a 1764, año que el Sistema de Información Cultural de la Secretaría de Cultura registra como el de su construcción. La obra se atribuye al maestro Pedro de Huertas y se relaciona con Joseph Ignacio del Campo y Larrea, personaje que obtuvo los títulos de vizconde de San Juan de las Bocas y conde del Valle de Súchil hacia 1774.

La trayectoria del edificio también está ligada a los cambios de propiedad y a las transformaciones de la ciudad. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) señala en su registro de la Casa del Conde del Valle de Súchil, que el inmueble fue construido por el gobernador José Carlos Agüero para habitarlo y que posteriormente fue vendido a José del Campo Soberón y Larrea, conde de Guatipé y del Valle de Súchil.

Con el paso del tiempo, el palacio dejó atrás su uso exclusivamente residencial, pues durante el siglo XIX y la primera mitad del XX, tuvo diferentes funciones y pasó por manos de comerciantes y empresarios. Entre sus propietarios estuvo Maximiliano Damm, ciudadano alemán que llegó a México en 1850 y cuya familia conservó el inmueble entre 1858 y 1928, utilizándolo como residencia y establecimiento comercial.

UNA FACHADA PARA VER DE CERCA

Uno de los aspectos más interesantes del palacio es su lenguaje arquitectónico, ya que sus características corresponden a la arquitectura novohispana de mediados del siglo XVIII, con una combinación de elementos de raíz clásica y una ornamentación de estilo rococó.

La portada incorpora estípites, pilastras y columnas, mientras que la decoración reúne motivos vegetales, flores, frutos, cornucopias y rostros humanos integrados en la composición. No se trata de adornos aislados, estos detalles forman parte de un conjunto que refleja el gusto artístico de la época y la importancia que se concedía a las residencias de las familias con poder económico y social.

La disposición del edificio también llama la atención. Su fachada achaflanada, conocida como “pancoupé”, responde a una solución arquitectónica que permite resolver la esquina y presentar el inmueble hacia el espacio urbano. El Sistema de Información Cultural señala como antecedente de esta característica al Palacio del Santo Oficio de la Inquisición, en la Ciudad de México, proyectado por Pedro de Arrieta en 1732.

En el interior, uno de los elementos más singulares es el arco con clave colgante situado en el patio próximo al acceso, descrito en el registro cultural como una solución arquitectónica que destaca por prescindir del apoyo de columnas.

DE RESIDENCIA A ESPACIO CULTURAL

Durante buena parte de su historia, el palacio estuvo relacionado con la vida doméstica y comercial de Durango. Su paso por distintas manos y los usos que tuvo durante los siglos XIX y XX forman parte de la evolución de un edificio que no permaneció ajeno a los cambios económicos de la ciudad.

En 1985 fue adquirido por el Banco Nacional de México, institución que emprendió su restauración en 1988. La intervención permitió recuperar el inmueble y prepararlo para una nueva etapa vinculada con la difusión cultural.

En 2011 abrió sus puertas al público como espacio cultural, bajo la gestión de Fomento Cultural Banamex. Desde entonces, el palacio ha funcionado como sede de exposiciones temporales y actividades como conferencias, seminarios, presentaciones de libros y talleres.

Así, el Palacio del Conde del Valle de Súchil forma parte de los inmuebles históricos que dan identidad al centro de la capital duranguense. Su importancia reside tanto en la calidad de su arquitectura como en las distintas etapas que ha atravesado.

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