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OPINIÓN

Donald Trump, ¿el primer monarca estadounidense?

Donald Trump, ¿el primer monarca estadounidense?

CARLOS HEREDIA ZUBIETA 19 ene 2026 - 08:35

El primer aniversario del segundo mandato de Trump es el 20 de enero de 2026.

La intensidad de lo que hemos visto en 365 días parece haber ocurrido a lo largo de una década.

Hacia afuera, amenazas múltiples a países aliados y ataques a adversarios, en un despliegue de fuerza militar brutalmente disruptiva, que constituye una violación sistemática del derecho internacional.

Hacia adentro, confrontación con sus propios compatriotas, alianzas con las oligarquías tecnológicas y con Wall Street, en un marco de autoritarismo, corrupción, militarización de la democracia, deportaciones de trabajadores inmigrantes y ataques contra los derechos civiles.

Millones de estadounidenses se han movilizado en las jornadas llamadas 'No Kings Day', para denunciar el ejercicio autoritario del poder sin límites, como si fuera un monarca absoluto, en vez de rendir cuentas a los ciudadanos en los términos de la Constitución.

Los ideólogos trumpistas argumentan que este despliegue de poder se sustenta en:

i. La Teoría del Ejecutivo Unitario: el presidente ostenta la autoridad única y definitiva sobre todos los funcionarios del poder ejecutivo. La lealtad de los funcionarios no es a la Constitución, sino a Trump. Así despliega tropas en contra de ciudadanos estadounidenses en suelo estadounidense;

ii. La decisión de la Suprema Corte el 1 de julio de 2024 (Trump. vs Estados Unidos de América): otorgar inmunidad absoluta de procesamiento penal para todas las acciones que caen dentro de los poderes constitucionales básicos del presidente - como la autoridad de comandante en jefe, sobre asuntos exteriores o sobre el poder de indulto. Así se salió con la suya tras desconocer los resultados de las elecciones presidenciales de 2020 e incitar el asalto al Capitolio para dar un golpe contra el Legislativo el 6 de enero de 2021;

iii. La Estrategia de Seguridad Nacional: una coartada para sus objetivos geopolíticos de externalización del poder y expansión territorial. Así en cinco años bombardeó Afganistán, Irak, Irán, Libia, Nigeria, Pakistán, Siria, Somalia, Venezuela y Yemen, sin siquiera notificar al Congreso. Este es el presidente que cree merecer el Premio Nobel de la Paz.

Trump ha desplegado su poder imperial, en una especie de acuerdo tácito con China y con Rusia, para repartirse el mundo entre sus zonas de influencia: el hemisferio de las Américas; Asia del Este y meridional; y el este de Europa, Ucrania y el Cáucaso, respectivamente.

Para México, negociar con el gobierno de Trump es algo complejo e incierto, como lo ha señalado Luis Rubio (https://www.reforma.com/el-dilema-2026-01-18/op306816). Condena a sus interlocutores a estar parados sobre arenas movedizas.

Sin embargo, el mayor desafío para la presidenta Claudia Sheinbaum no viene de Washington, sino de la pesada herencia de su antecesor: el crimen organizado que controla amplias franjas del territorio nacional y la clase política que lo ha facilitado a través de alianzas intolerables.

La presidenta dice que tiene llamadas telefónicas exitosas con Trump, pero en el fondo su fortaleza o su debilidad hacia afuera, dependerán de la gobernabilidad hacia adentro. Es totalmente contradictorio que opte por la cerrazón del régimen político cuando precisa de una sociedad organizada y movilizada contra la inadmisible amenaza externa y a favor del crecimiento, el desarrollo y la democracia.

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