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LETRAS DURANGUEÑAS

Dos premios Nobel latinoamericanos

Dos premios Nobel latinoamericanos

ÓSCAR JIMÉNEZ LUNA 4 oct 2026 - 16:39

El caso parece un cuento de Borges: el libro que tuvo que esperar exactamente medio siglo (1971-2021) para volver a circular, tras la muerte de uno de los personajes principales -el autor estudiado- y ya cerca del final del revisor de la obra escogida. Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, evidentemente.

Las más de seiscientas páginas de “García Márquez. Historia de un deicidio” (Alfaguara, 2021) revelan un asombro sostenido y una amistad que les da origen. El plan de trabajo de Vargas Llosa, así entonces, no podía ser en aquellos días más abarcador: el sumario repaso biográfico del colombiano (el énfasis puesto en sus comienzos de escritor), sin dejar de lado sus relaciones con otros oficios y aficiones como el periodismo y el cine.

Explicación del imaginario narrativo a través de la hoja de vida del fabulador, la estrategia del peruano va tejiendo los hechos históricos con sus derivaciones -sobre todo- en la novela “Cien años de soledad” (de hecho, la viga principal del escrutinio se encamina siempre hacia la obra maestra de García Márquez).

Proyectada y desarrollada como tesis de doctorado, el volumen se sustenta en el rigor académico –en las no tan numerosas notas y una amplia bibliografía- con el vuelo narrativo de un buen relato. Es su primer mérito: la precisión informativa junto al placer de la lectura.

Es interesante observar, por otra parte, la oportunidad de esta investigación, ya que tiene lugar poco después de la aparición de la historia de los Buendía, el fenómeno editorial en castellano en la segunda mitad del siglo XX, mientras García Márquez escribía en Barcelona “El otoño del patriarca”, obra que daba seguimiento inmediato a la producción del autor. Seguramente por esta condición iniciática el ensayo de Vargas Llosa tuvo una mayor relevancia, al lado de otros aciertos todavía más notables.

De esta manera, las observaciones de la revisión indagan en la prehistoria del trabajo garcíamarquiano. “La hojarasca”, “El coronel no tiene quien le escriba”, “Los funerales de la Mamá Grande” y “La mala hora” establecen una serie de correspondencias -se aproximan, se diferencian e incluso se distancian- respecto a “Cien años de soledad”. Lo mismo ocurre con los cuentos. Son el taller de un gran escritor en ciernes.

Y como cabría esperar de una tarea de esta índole se analizan igualmente las posibles influencias literarias que sustentarán luego la recreación de una obra personal. Sófocles, Faulkner, Hemingway, Virginia Woolf, son nombres recurrentes en el rastreo de una forma y un estilo propios, en compañía de fuentes todavía más anchas y legendarias: “Las mil y una noches”, “Las novelas de caballerías” (no faltan los especialistas que subrayan las “Crónicas de Indias”). Asimismo se da cuenta de los ecos de los cuentos “Isabel viendo llover en Macondo”, “La prodigiosa tarde de Baltazar”, “La viuda de Montiel” y, entre otros más, “Un día después del sábado”. Acerca de los recursos técnicos que se despliegan en las páginas de esta primera etapa narrativa sobresale, en una lista preliminar, la exageración, lo real objetivo y lo real imaginario, además de la circularidad del relato.

Vargas Llosa llevó a cabo una de las más profundas exploraciones sobre la obra de otro escritor en la espléndida línea de Amado Alonso a propósito de los versos de Pablo Neruda o, como antecedente de lo que ocurriría apenas una década después, con el ensayo de restauración de Octavio Paz dedicado a Sor Juana Inés de la Cruz. En la trayectoria del peruano será el primero de un breve conjunto de estudios críticos propios sobre figuras tan representativas como Flaubert, Arguedas, Onetti, Víctor Hugo o Pérez Galdós.

Todavía en el mediodía de sus vidas, un día difícil se rompió para siempre la amistad entre García Márquez y Vargas Llosa. Este libro seguirá dando noticia de la buena relación que hubo alguna vez entre los dos premios Nobel de literatura.

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