Luto. Colegas y promotores lamentaron su fallecimiento, resaltando el papel que tuvo en sostener la actividad luchística local.
El pancracio duranguense se vistió de luto tras confirmarse la muerte de Limbo Azul, figura constante de la escena independiente cuya partida conmocionó de inmediato al gremio deportivo. Figuras locales como Balkan y Rey Wolffer, colegas cercanos con quienes compartió cartelera en numerosas ocasiones, confirmaron el deceso, expresando públicamente su pesar y destacando el vacío que el gladiador deja en los cuadriláteros de la capital.
Originario de Durango capital, Limbo Azul desarrolló una trayectoria sólida dentro del circuito independiente, manteniéndose como un nombre recurrente en las carteleras locales. A diferencia de quienes buscan proyección inmediata fuera del estado, enfocó su carrera en la escena duranguense, aportando continuidad a las funciones semanales y preservando el estilo de la escuela local ante el público de las arenas tradicionales.
El Palacio de los Combates fungió como su sede principal durante el último lustro, recinto donde concentró la mayor parte de sus presentaciones oficiales. En este encordado mostró su faceta técnica, formando sociedades recurrentes con luchadores como el propio Balkan y Ángel Justiciero. Estas alianzas en tercias y parejas se integraron a la rotación habitual de las funciones dominicales, donde Limbo Azul aportó la disciplina necesaria para el desarrollo de los encuentros.
Su paso por las filas de la Alianza de Luchadores Duranguenses generó rivalidades deportivas directas. El enmascarado sostuvo series de combates contra oponentes como Tiger Fly, Anubix y Gallo Negro, enfrentando estilos contrastantes sobre la lona. Asimismo, su versatilidad le permitió participar en modalidades de relevos atómicos y mixtos, compartiendo esquina con compañeras como Sexy Luna, funcionando como una pieza operativa confiable para la conformación de los eventos locales.
Con su partida, el gremio deportivo pierde a uno de sus competidores más regulares de la última década. Limbo Azul integró la generación de luchadores cuya presencia constante sostuvo la actividad en los recintos populares de la capital, dejando su nombre inscrito en la estadística reciente del pancracio estatal y cerrando el ciclo de un gladiador dedicado a la afición duranguense.