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Durango volvió a aparecer en el mapa de las historias relacionadas con objetos voladores no identificados, luego de que se difundiera un expediente del FBI vinculado con un supuesto avistamiento ocurrido hace más de siete décadas.
Aunque el tema suele moverse entre la curiosidad, el misterio y la especulación, el caso abrió de nuevo una pregunta que desde hace años rodea a distintas zonas del estado: ¿qué tanto hay de historia documentada y qué tanto de leyenda en los relatos sobre OVNIs en Durango?
El expediente que reactivó la conversación corresponde a un archivo relacionado con un supuesto avistamiento ocurrido en 1950. En el documento se menciona el caso de una presunta fotografía tomada sobre la ciudad de Durango, en la que se habría captado un objeto con forma de “platillo volador”.
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Sin embargo, más allá del atractivo del caso, el expediente no confirma que se tratara de una nave extraterrestre. Lo que sí muestra es que la historia llegó a manos de autoridades estadounidenses y quedó archivada dentro de documentos oficiales, junto con cartas, recortes y diagramas enviados en aquella época.

El antecedente del “Caso Durango”
De acuerdo con los documentos difundidos, el caso estaba relacionado con Germán Horacio Robles Jr., estudiante de la Escuela Nacional de Ingeniería, a quien se atribuyó la fotografía de un objeto sobre Durango.
El expediente también incluye información enviada por Miguel Ángel García Macías, un inventor originario de Veracruz, quien utilizó aquel presunto avistamiento como referencia para plantear sus propias ideas sobre artefactos aéreos y sistemas de estabilidad.
Por eso, aunque el archivo ha sido retomado como una especie de “Caso Durango” dentro del mundo ufológico, su valor está más en lo histórico y documental que en una supuesta confirmación oficial sobre vida extraterrestre.
Aun así, el expediente le dio a Durango un lugar curioso dentro de la larga lista de relatos que, desde mediados del siglo XX, alimentaron la fascinación mundial por los llamados platillos voladores.
La Zona del Silencio, el mito más famoso
Pero el expediente del FBI no es el único punto que ha vinculado a Durango con historias extrañas en el cielo.
Durante décadas, la Zona del Silencio ha sido uno de los sitios más mencionados cuando se habla de fenómenos misteriosos en el norte de México. Ubicada en la región del Bolsón de Mapimí, entre Durango, Chihuahua y Coahuila, esta zona ha sido rodeada por relatos de fallas de radio, meteoritos, luces extrañas y supuestos avistamientos.
El mito moderno de la Zona del Silencio suele relacionarse con la caída de un cohete estadounidense Athena, ocurrida en 1970. Tras el incidente, especialistas llegaron a la región para recuperar restos del artefacto, lo que contribuyó a alimentar rumores y teorías sobre lo que realmente había ocurrido en el desierto.
Con el paso de los años, la historia creció hasta convertirse en una mezcla de ciencia, leyenda, turismo y cultura popular. Aunque no existen pruebas concluyentes de fenómenos extraterrestres, la Zona del Silencio se mantiene como uno de los puntos más emblemáticos del misterio en México.
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El volcán de Canatlán que mira al cielo
A esa lista se sumó recientemente el Volcán El Jagüey, ubicado en el municipio de Canatlán, que fue declarado como un centro de avistamiento OVNI.
El sitio se encuentra en la comunidad Ricardo Flores Magón y ha sido promovido como un punto de interés para quienes buscan observar el cielo, realizar actividades turísticas y participar en eventos relacionados con la ufología.
La declaratoria no significa que exista una confirmación científica sobre la presencia de objetos extraterrestres en la zona. Sin embargo, sí muestra cómo el tema OVNI ha dejado de ser solamente una conversación de relatos aislados para convertirse también en una apuesta turística y cultural.
En ese sentido, Durango no solo aparece en expedientes antiguos o leyendas del desierto, sino también en nuevas iniciativas que buscan aprovechar el atractivo del misterio para atraer visitantes.
Entre documentos, leyendas y turismo
La relación de Durango con los OVNIs se mueve en una frontera particular: por un lado, hay archivos, nombres, fechas y lugares que permiten contar historias con base documental; por otro, existen relatos que han crecido con el tiempo y que forman parte del imaginario popular.
El caso de 1950, la Zona del Silencio y el Volcán El Jagüey no prueban la existencia de vida extraterrestre, pero sí muestran cómo el Estado ha construido una narrativa propia alrededor del cielo, el desierto y los fenómenos inexplicables.
Para algunos, se trata de simples leyendas. Para otros, de señales que todavía no han sido comprendidas. Y para muchos más, de una oportunidad para mirar a Durango desde otro ángulo: no solo como tierra de historia, cine y paisajes, sino también como escenario de uno de los misterios que más intriga generan en el mundo.
Porque, al final, más allá de creer o no creer, Durango ya tiene su propio lugar dentro del mapa mexicano de los OVNIs.