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El beso

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El beso

J. SALVADOR GARCÍA CUÉLLAR 5 feb 2026 - 08:47

Un beso es más que un gesto, es un estallido de neurotransmisores que nos inunda de endorfinas y oxitocina. Genera placer, confianza y alegría. Por eso, recibir un beso de la persona amada se convierte en una experiencia que nos reconcilia con la vida.

La palabra beso viene del sustantivo latino basium, que se refería a un tipo de beso afectuoso en la antigua Roma. A partir del castellano antiguo, se adoptó la forma que conocemos hoy, la cual también evolucionó en otras lenguas romances como el francés (baiser) y el portugués (beijar).

Pero los latinos distinguían entre diversos tipos de besos, como el basium, ya mencionado, el osculum y el savium. El primero hacía referencia a un beso con afecto, pero de carácter pudoroso; el osculum se daba entre ciudadanos, era un beso de amistad, y el savium era lo que nosotros conocemos como beso amoroso o erótico.

Conviene conocer las diferencias, pues si vemos que dos muchachas de nuestro entorno se saludan "de besito", entonces en latín se llamaría osculum, pues se da por buena voluntad y en señal de respeto, o de amistad entre pares. En algunos países, como en la Turquía actual, se puede ver que dos varones se dan un ósculo (se acentúa en la primera sílaba, por eso en español lleva tilde) que a nosotros nos parecería socialmente incorrecto.

Los antropólogos difieren al considerar si los humanos tienden a besarse de manera instintiva, o bien si es un comportamiento aprendido. Los que defienden la primera posición lo hacen aduciendo como prueba que el beso existe desde nuestros antepasados prehumanos, ya que está demostrado que los neandertales se besaban, y lo mismo sucede con algunos primates actuales, como los chimpancés y los orangutanes. En cambio, quienes aseveran que el beso es una conducta aprendida, lo afirman porque el beso existe solamente en el 52 por ciento de una serie de culturas estudiadas para este propósito. La investigación se hizo con una muestra lo suficientemente extensa como para que no fuera sólidamente negada. Además, el beso se acostumbra en una parte determinada del planeta, que tiene como centro lo que conocemos como Medio Oriente.

Por otra parte, tenemos documentado el beso desde la antigua Mesopotamia, hace aproximadamente 4 mil 500 años, en tablillas de arcilla.

La historia de la literatura universal está poblada de besos, pues están mencionados, por ejemplo, en los Vedas, los textos más antiguos de la literatura india, base de la religión y la filosofía hindú. Son considerados de origen divino y están datados entre el mil 500 y el 500 antes de la era cristiana. De ahí en adelante, el hecho de besarse de alguna manera aparece recurrentemente en los libros, sobre todo en los poéticos.

En estudios serios, el beso se ha abordado desde diversos puntos de vista, como el antropológico, el biológico, el social y el psicológico; todos ellos tienen conclusiones semejantes, pues quienes se besan, por lo general lo hacen desde el fondo de sí mismos, sobre todo si se trata del savium o beso amoroso, apasionado y afanoso.

En la novela de El Quijote se habla de muchos besos, pero la mayoría son de respeto o de sumisión a alguna autoridad, y si alguna vez aparece un beso erótico, se aborda con cautela, como cuando Sancho Panza condena el beso que se dan Dorotea y Fernando en la farsa de Micomicona. Cervantes, como su entorno cultural del siglo de oro español, a través de sus personajes reprueba los besos amorosos dados en público.

Por su parte, el Cantar de los Cantares pregona el beso como algo dulce y deseable, pues dice la amada: "¡Oh, si él me besara con besos de su boca! Porque mejores son tus amores que el vino". Este pasaje expresa la naturaleza de los besos eróticos, apasionados y tiernos a la vez.

En obras pictóricas y escultóricas encontramos también una agradable diversidad de besos, por ejemplo, la escultura El beso de Auguste Rodin, o el óleo sobre tela ejecutado magistralmente por Francesco Hayez, denominado Il bacio, símbolo del romanticismo italiano. También es pertinente mencionar la fotografía de Alfred Eisenstaedt que retrata a un marinero besando a una joven mujer vestida de blanco en las celebraciones del día de la victoria sobre Japón.

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