Columnas

 
CARIÑOTERAPIA

El canto de las sirenas

En La Odisea, uno de los momentos más fascinantes de la película, ocurre cuando Ulíses debe atravesar el mar donde habitan las sirenas.

El canto de las sirenas

VANESSA BARDÁN PUENTE 22 ago 2026 - 12:41

La leyenda dice que su canto era tan hermoso que ningún navegante podía resistirse. Quienes lo escuchaban abandonaban el timón de su barco para seguir aquella melodía y terminaban naufragando.

Ulises sabía el peligro. No intentó demostrar que era más fuerte que la tentación. Al contrario, reconoció su vulnerabilidad. Pidió a su tripulación que tapara sus oídos con cera y que lo ataran al mástil del barco. Les dio una instrucción muy clara: “Aunque les ruegue que me suelten, no lo hagan.”

Cuando las sirenas comenzaron a cantar, Ulíses quiso liberarse. Prometía que todo estaría bien, insistía en acercarse a ellas. Pero sus compañeros no cedieron, sabían que quien hablaba en ese momento no era su sabiduría, sino el impulso.

¿Cuántas veces nos ocurre lo mismo? Las sirenas siguen existiendo, aunque ya no tengan cola de pez.

Hoy su canto puede ser una relación que sabemos que nos hace daño, pero de la que no podemos alejarnos, puede ser la necesidad de agradar a todos, el deseo de reconocimiento constante, las compras impulsivas, las redes sociales, las adicciones. Solemos decir que solo un poquito más no nos hará daño y cuando acordamos… ¡ya estamos pagando las consecuencias con intereses!

Las sirenas siempre prometen algo maravilloso, prometen felicidad, representan las tentaciones y las distracciones, prometen placer inmediato, pero nos desvían de nuestro propósito, pueden alejarnos de nosotros mismos.

Las sirenas, nunca anuncian el naufragio, solo cantan lo suficientemente hermoso para que olvides el peligro, prometen el paraíso, pero esconden el final. Ninguna tentación se presenta diciendo: ‘voy a destruirte’.

Todas llegan disfrazadas, te cantan bonito y te seducen, mientras tú estás encantado, y ¡plop! ya vas directo al naufragio.

La enseñanza más profunda de este pasaje no es evitar las tentaciones. Es reconocer que todos tenemos alguna.

Ulises no venció a las sirenas porque fuera más fuerte. Las venció porque fue lo suficientemente humilde para aceptar que necesitaba ayuda y creó una estrategia antes de enfrentarlas. Eso señoras y señores, también es ¡inteligencia emocional!

Todos necesitamos “mástiles” que nos sostengan cuando nuestras emociones amenazan con desviarnos del camino.

Para algunas personas ese mástil es su familia, para otras, un amigo, una terapia, la espiritualidad, los valores o simplemente recordar quiénes quieren ser cuando la emoción pase.

Porque las decisiones más importantes de la vida no deberían tomarse en medio del impulso, quizá esa sea la verdadera enseñanza del canto de las sirenas.

No se trata de vivir sin tentaciones. Se trata de conocernos lo suficiente para no entregar el timón de nuestra vida a aquello que solo ofrece placer inmediato.

La libertad no consiste en seguir cada impulso. La verdadera libertad consiste en elegir, aun cuando el canto sea hermoso, permanecer fieles al rumbo que conduce a nuestra propia Ítaca.

El canto de las sirenas… aquello que promete felicidad, pero puede alejarnos de nosotros mismos. No todo lo que atrae nos acerca a la vida que queremos construir. No lo olvides….

Noticias relacionadas

EL SIGLO RECIENTES

+ Más leídas de Columnas