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El creador del ChatGPT enciende las alarmas

El reporte Oppenheimer

ANDR?S OPPENHEIMER 24 feb 2026 - 04:03

La advertencia de Sam Altman, el creador de ChatGPT, de que el mundo necesita regular la inteligencia artificial (IA) "urgentemente" no podría ser más oportuna. Llega justo cuando incluso los más tecno-optimistas de Silicon Valley están poniéndose nerviosos por el avance peligroso de la IA en las últimas semanas.

Sí, leyeron bien: en las últimas semanas.

Altman dijo en una conferencia tecnológica en Nueva Delhi, el 18 de febrero, que la IA en manos privadas trae beneficios enormes, pero "esto no quiere decir que no necesitemos ninguna regulación o medida de seguridad". Y agregó: "Es obvio que las necesitamos, urgentemente."

Al igual que ocurrió con la regulación de las armas nucleares, hace falta algo parecido al Organismo Internacional de Energía Atómica para controlar la IA, afirmó.

Confieso que leí el discurso de Altman con escepticismo, porque los magnates tecnológicos ya nos tienen acostumbrados a cubrirse las espaldas con frases de advertencia sobre los peligros de la IA, mientras gastan fortunas en lobistas para frenar leyes que le pongan límites.

Sin embargo, la alerta de Altman refleja un creciente pánico en la comunidad tecnológica por los nuevos modelos de IA que acaban de salir.

Muchos temen que puedan ser usados por cualquiera para crear armas biológicas, lanzar ciberataques, crear videos falsos que amenacen la paz mundial, o destruir cientos de millones de empleos este mismo año, antes de que nuestras sociedades puedan reaccionar.

Matt Shumer, un programador y emprendedor tecnológico de 26 años, acaba de publicar un artículo aterrador que en pocos días ha tenido 84 millones de visitas. El artículo, titulado "Algo grande está pasando", dice que la IA dio un salto gigantesco el 5 de febrero, cuando ChatGPT y Claude lanzaron en el mismo día sus respectivos modelos GPT-5 Modex y Opus 4.6.

Por primera vez, estos modelos crean aplicaciones sofisticadas solo con pedirlo verbalmente. No solo eso: después prueban la aplicación, ven si hay algo que no luce bien, y corrigen posibles fallas, igual que un programador humano. Cuando terminan, te dicen: "Ya está lista para que la pruebes".

Shumer dice que está en shock: "Yo ya no soy necesario para el trabajo técnico que hacía... Estos nuevos modelos no son mejoras incrementales: son algo enteramente nuevo".

Shumer señala que quienes dicen que la IA todavía "está verde" y comete muchos errores es porque están usando versiones gratuitas, que suelen ser modelos de 2024. Esos modelos son prehistóricos comparados con las más recientes versiones pagas, asegura.

En 2018, cuando publiqué mi libro 'Sálvese quien pueda' sobre la inminente automatización del trabajo, pronostiqué que millones de empleos serían reemplazados por la IA. Pero jamás me imaginé que hasta los propios desarrolladores de la red, como Shumer, serían desplazados por las computadoras inteligentes.

Dario Amodei, el fundador de Anthropic, dice en un nuevo ensayo titulado 'La adolescencia de la tecnología' que el poder que está alcanzando la IA es "casi inimaginable, y no está nada claro si nuestros sistemas sociales, políticos y tecnológicos tienen la madurez para manejarlo".

Al mismo tiempo, alarmados por la epidemia de depresión juvenil posiblemente causada por la adicción a las redes sociales, los Gobiernos de España, Dinamarca, Francia y otros países han anunciado proyectos de ley para prohibir o limitar el uso de redes a menores de 16 años. En Australia, ya entró en vigor una ley a ese efecto en diciembre.

Y en Los Ángeles, California, ya hay un juicio clave contra Facebook, Instagram y otras redes sociales, alegando que diseñaron intencionalmente sus algoritmos para fomentar la adicción a las pantallas de los niños y adolescentes, causando todo tipo de enfermedades mentales.

El juicio alega que las compañías tecnológicas inundan sus contenidos con pornografía y violencia - ahora potenciada con IA - para mantener a los niños enganchados a la pantalla, y poder ganar más dinero con publicidad.

"No les muestran a los niños lo que quieren ver, sino lo que no pueden dejar de ver," me dijo Matthew Bergman, uno de los abogados demandantes. "Por eso, los algoritmos les muestran material cada vez más extremo".

Todas estas batallas se están librando ahora mismo y van a determinar el futuro de la humanidad: desde la salud mental de los jóvenes hasta la seguridad mundial. Pero cuando los propios magnates tecnológicos como Altman alertan sobre los peligros de una IA sin controles, es hora de hacer algo: la realidad probablemente es mucho peor de lo que nos están contando.

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