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El diablo y la música

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El diablo y la música

J. SALVADOR GARCÍA CUÉLLAR 26 mar 2026 - 08:26

En los años treinta del siglo pasado, los afroamericanos vivían una desgracia múltiple. La persecución legal -en el sur bastaba "vagar sin rumbo" para ser arrestado-, aunada a la Gran Depresión, agravó su miseria. Si una cuarta parte de los blancos quedó sin empleo, las personas de color, que ya padecían pobreza incluso trabajando, se hundieron en la indigencia absoluta.

En ese escenario de pauperismo y discriminación sobrevivió Robert Johnson, guitarrista y cantautor formidable, cuya música marcaría a generaciones de intérpretes estadounidenses e ingleses. Su obra es tan excelsa que cualquier elogio parece insuficiente. Nieto de personas esclavizadas e hijo de aparceros, Johnson conoció de cerca otra forma de esclavitud: trabajar tierras ajenas y, tras descontar renta, semillas e insumos, quedar sin nada para vivir. Era la perpetuación del infortunio.

Johnson prefirió cantar en los caminos rurales, esperando que algún transeúnte le arrojara unas monedas, antes que romperse la espalda cosechando algodón. El relato de su vida es historia y leyenda. Se conservan de él veintinueve canciones, más testimonio de su arte que de su biografía.

En sus inicios, desesperado por ganar unos centavos, se atrevió a cantar en un antro sórdido, ante un público de gente de color. La calidad de su música fue tan pobre que lo abuchearon y lo echaron. Desapareció por más de un año, olvidado por todos.

Cuando regresó, quienes lo reconocieron se prepararon para el abucheo. Pero al escucharlo cantar, quedaron atónitos; su guitarra y su voz habían adquirido una fuerza inédita que daría identidad al género que hoy conocemos como blues.

La leyenda cuenta -alimentada quizá por el propio Johnson- que cuando partió, se dirigió a un cruce de caminos donde invocó al diablo para convertirse en el mejor cantante de blues a cambio de su alma. El demonio lo complació, y desde entonces Johnson fue lo que había deseado.

Su canción Cross Road Blues es radiografía de la angustia de un afroamericano, pobre y solo en el Mississippi de la segregación y la depresión económica. En el cruce de caminos, desolado y desesperado, Johnson no reza por su alma, sino por su seguridad física. Caer de rodillas expresa desesperación absoluta; teme ser capturado o linchado antes del anochecer. Intenta conseguir transporte, pide aventón, pero sabe que si el conductor es un blanco hostil, su vida corre peligro. En el mejor de los casos, sería ignorado.

Johnson no quiere volver a una comarca donde carece de hogar. Prefiere seguir siendo músico errante, libre, aunque expuesto a la muerte y al hambre. La soledad que canta no es romántica ni elegida, es sistémica, producto de un orden social que lo condena a no pertenecer.

La soledad de Johnson no es la del encierro, sino la del movimiento perpetuo sin destino. Cuando nadie le da aventón, su hogar es la carretera misma. No tiene adónde ir y, lo más grave, nadie quiere llevarlo a ninguna parte. Es la soledad del que no pertenece a ningún lugar.

En esta canción, la música refuerza las ideas de la letra. Los acordes de séptima, los saltos de ritmo y el efecto blending, que consiste en estirar la cuerda de la guitarra para que profiera un lamento, le dan un aire de melancolía que se alinea con el discurso poético.

El mito del cruce de caminos se entrelaza con esta canción. El pacto con el diablo simboliza tanto la genialidad súbita como la condena eterna. Johnson, convertido en maestro del blues, encarna la paradoja: alcanza la cima artística, pero al mismo tiempo, vive condenado a la intemperie, a la marginación y al peligro.

Su música, sin embargo, trascendió. Inspiró a Muddy Waters, Eric Clapton, Keith Richards y tantos otros que encontraron en sus acordes la raíz de un género que se expandió por el mundo. El diablo cumplió su parte: Johnson se volvió inmortal.

Pero la inmortalidad del blues no borra la tragedia. Cada nota de Cross Road Blues recuerda que la libertad de un músico errante era también su condena: vivir sin hogar, sin pertenencia, con la carretera como única morada. La soledad de Johnson es la soledad de un pueblo entero, la de quienes nunca tuvieron tierra, derechos ni futuro.

Consiga esta canción y sienta la soledad, luego estará satisfecho por haberla escuchado.

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