El dilema cubano
El Presidente Trump acaba de anunciar que ya no habrá envíos de petróleo venezolano a Cuba. Previamente, en una entrevista a bordo del avión presidencial de Estados Unidos, declaró que no había necesidad de intervenir militarmente en la isla, ya que su situación económica es tan mala que la dictadura cubana colapsaría en el corto plazo, al no contar con recursos para mantenerse.
Esta situación pone en un dilema a la Presidenta de México y al régimen que representa, que ha se ha convertido en el principal soporte de la dictadura cubana al enviarle -en la práctica, regalarle- cantidades cada vez más grandes de petróleo y sus derivados para que la isla pueda mantener su economía funcionando en niveles mínimos.
Claramente regalar petróleo a Cuba involucra otro tipo de negociaciones con la cúpula del nuevo regimen de nuestro país, que tal vez nunca sean públicas, pero que probablemente involucran que la isla sea una opción de refugio para la clase política del régimen, si en algún momento llegaran a presentarse cargos en su contra en cortes estadounidenses.
Si esta hipótesis se llegara a probar, significa que el salvoconducto para asegurar la impunidad de la clase política del nuevo régimen, es el petróleo que le pertenece a todos los mexicanos.
La relación entre la dictadura cubana y nuestro país se remonta a muchas décadas atrás, desde que Fidel Castro vivió en México antes de la revolución cubana y dejó relaciones con políticos mexicanos que perduraron en el tiempo, además de la afinidad ideológica del régimen priista con el el régimen cubano.
A partir del año 2018, con la entrada del primer gobierno del nuevo régimen, mucho más cercano ideológicamente a la dictadura cubana que los gobiernos previos, los lazos se volvieron más fuertes, lo que incluyó el envío de petróleo y la contratación de médicos cubanos, por ejemplo.
Las decisión del Presidente Trump de invadir Venezuela para detener a su Presidente y líder de la dictadura para enviarlo a los Estados Unidos a enfrentar cargos criminales, al mismo tiempo que anunció, de viva voz, que Estados Unidos controlaría a Venezuela y a su petróleo, pone al régimen mexicano en el dilema de seguir apoyando a Cuba y de esa manera confrontar a Estados Unidos en el año en que se ratificará el tratado de libre comercio de América del Norte, o dejar de enviar petróleo a Cuba y acelerar la caída del régimen cubano.
Los Estados Unidos esperan que el régimen cubano colapse en un tiempo relativamente corto, alrededor de un año o un año y medio, cuando la situación económica de Cuba sea insostenible y derive en manifestaciones sociales que obliguen a sus líderes a negociar su salida y a un cambio de régimen en la isla.
La posición que tome el Gobierno mexicano respecto del apoyo que le presta a Cuba, regalándole petróleo y pagando a la dictadura cubana la contratación de médicos, muy seguramente será tomada en cuenta al negociar cualquier tema de la amplísima agenda bilateral, desde la ratificación del tratado de libre comercio hasta las políticas migratorias y la lucha contra los cárteles del narcotráfico.
Si la Presidenta no quiere enviar señales de confrontación al gobierno norteamericano previo a la ratificación del tratado de libre comercio, seguramente el envío de petróleo a Cuba cesará y envío de divisas a la dictadura cubana, vía la contratación de médicos, por ejemplo, también tendrá que parar.
Paradójicamente, seguramente eso acelerará la caída del régimen cubano y con ello, las posibles garantías que la élite gobernante del régimen cubano pudiera haber hecho con la cúpula del nuevo régimen mexicano para refugiarse en Cuba si en algún momento llegaran a las cortes estadounidenses cargos criminales contra las y los dirigentes del nuevo régimen en nuestro país.