El fracaso del Parque Industrial Ladrillero
El Parque Industrial Ladrillero de Durango nació como una buena idea, pero a más de 20 años es un rotundo fracaso. Su origen -legítimo- pretendía combatir una de las principales fuentes de contaminación en la ciudad capital, proteger la salud de los duranguenses y, al mismo tiempo, dignificar el trabajo de los ladrilleros.
La historia de este proyecto ha demostrado que resolver un problema ambiental sin atender de manera integral el impacto social puede terminar creando una crisis quizás distinta, pero igual de grave. Y es que, actualmente, dentro de la mancha urbana persisten casi 200 ladrilleras, la misma cantidad que en 2016.
El PIL fue concebido con participación ciudadana y del organismo Durango Siglo XXI, integrándolo al Plan Estratégico 2000-2020 y, durante los primeros años, se presentó como un ejemplo de colaboración entre autoridades y productores.
Entre 2004 y 2007 comenzaron las primeras migraciones al espacio destinado a este proyecto. En el discurso de las autoridades, el Parque Industrial Ladrillero prometía mejores instalaciones, certeza jurídica, servicios básicos, mayor productividad y una vida más digna para los fabricantes de este producto necesario para la construcción.
Desde entonces, el problema ambiental no ha podido erradicarse y el social se profundiza. El traslado no ha sido total, ni acompañado de incentivos para hacer competitivo el PIL. Muchos productores decidieron no migrar pues no les resulta rentable; otros se asentaron en poblados cercanos y algunos más continúan operando de manera irregular en la ciudad.
La producción de ladrillo rojo ha sido una actividad económica fundamental para cientos de familias, muchas de ellas asentadas en colonias marginadas. No obstante, la quema tradicional de los hornos genera partículas contaminantes que afectan no solo a quienes trabajaban en los obradores, sino a amplias zonas de la mancha urbana.
El parque se encuentra a más de 35 kilómetros de Durango y alberga a unas cuantas familias que viven en el abandono institucional. Lo que debía ser un polo de desarrollo se convirtió en campo de aislamiento con servicios públicos insuficientes, sin atención médica y sin documentos que otorguen certeza jurídica sobre los predios que habitan.
La infraestructura sanitaria está totalmente colapsada; el cárcamo construido como parte del proyecto dejó de recibir mantenimiento y hoy representa un foco de infección. Las viviendas siguen siendo precarias y las ventas de ladrillo son bajas, lo que compromete la subsistencia de quienes dependen exclusivamente de esta actividad.
Finalmente y en resumen, hablar del Parque Industrial Ladrillero no debería ser un ejercicio de nostalgia ni de justificación burocrática, sino un llamado urgente a corregir una política pública fallida. No se trata solo de reubicar hornos o clausurar obradores, sino de asumir que la sustentabilidad no puede construirse sobre el desarraigo, la precariedad y el olvido.
EN LA BALANZA.- El reconocimiento de Pancho Franco sobre las fallas del nuevo modelo de cobro del predial en el municipio de Durango no solo arroja una lectura responsable del malestar social, sino también una postura política poco común: la disposición a corregir cuando la realidad rebasa al diseño técnico. Aunque el esquema fue aprobado con intención de fortalecer las finanzas y mejorar los servicios, el regidor de Movimiento Ciudadano acierta al marcar distancia cuando el impacto resulta desproporcionado para las familias. Su planteamiento no evade la corresponsabilidad inicial, pero sí la encauza hacia una salida institucional que busca equilibrio entre recaudación y justicia fiscal, colocando nuevamente a la ciudadanía en el centro de la discusión.
X: @Vic_Montenegro