El futuro para las exportaciones mexicanas
Se calcula que estamos enviando a los Estados Unidos el 80% de nuestras exportaciones que, para ese país son alrededor del 17% de todas sus compras al exterior. Con este dato estamos superando a competidores como Canadá y China.
Esta aceleración ocurre en un contexto de revisiones del T-MEC, donde las empresas buscan sortear los aranceles impuestos a ciertos sectores estratégicos (como acero y vehículos ligeros) y para asegurar el beneficio de arancel cero en bienes con reglas de origen integradas.
El crecimiento de nuestras exportaciones desde 1970 ha sido impresionante. En el sexenio de Luis Echeverria (1970-1976), las exportaciones de bienes y servicios de México registraron un crecimiento notable en términos nominales del 17% anual.
México pasó de depender del sector primario (café, ganado, azúcar, jitomate) y ciertas manufacturas que ya representaban el 36.2% del total no petrolero, mientras que nuestro peso pasó de 12.50 pesos por dólar a .00. Pese a que el periodo estuvo marcado por profundos desequilibrios macroeconómicos, el valor de las exportaciones fue de ,333 millones de dólares en 1971 hasta llegar a un valor de ,236 millones de dólares en 1976.
La alta inflación interna restó competitividad a los productos mexicanos en el extranjero lo que amplió el déficit comercial debido a una mayor importación y una correspondiente inflación y déficit comercial que llevó a una deuda externa que se elevó de ,262 millones de dólares a los 19,600 millones.
Entre 1976 y 2000 nuestras exportaciones se transformaron radicalmente, pasando de un modelo cerrado y dependiente del petróleo, a una economía abierta y liderada por las manufacturas. La era de la petro dependencia con el petróleo crudo como el principal motor exportador terminó en 1985 con la apertura comercial marcada con nuestra entrada al GATT.
La industria automotriz y electrónica comenzaron a ganar terreno. En la etapa del TLCAN de 1994 al 2000, las exportaciones pasaron de 60 mil millones de dólares a 166 mil millones de dólares. Se consolidó la integración económica directa con Estados Unidos y Canadá. En esos mismos años el boom maquilador floreció particularmente en la frontera norte convirtiéndose en grandes generadores de divisas el 2000. Las exportaciones crecían a tasas del 16% anual.
Las experiencias han pasado de una etapa elemental de ventas de materias básicas hasta la actualidad en que una parte importante de la producción nacional en la manufactura de todo tipo de productos y servicios.
Desde su inicio en 2018 el gobierno de AMLO concentró sus esfuerzos en mejorar la calidad de vida de la población y abatir la pobreza extrema, de ahí que una de las razones por la que en los últimos ocho años no se ha dado importancia a la promoción de crear nuevas fuentes de trabajo, ha sido por creer que un aumento en el nivel de vida popular automáticamente se crearían más empleos formales. Los hechos han confirmado lo contrario. La creación de fuentes de empleos no es fruto de la abundancia de mano de obra, sino en el financiamiento soportado en una planeación creativa.
En el actual sexenio, el discurso oficial se ha ido tornando más consciente porque se ha entendido que lo básico que es la iniciativa privada como principal fuente de proyecto y financiamiento que el país requiere.
Está comprobado que del comercio exterior depende el progreso y el desarrollo de la estructura socioeconómica del país. Estamos preocupados por negociar las mejores condiciones externas al igual que internas para dar seguridad y confianza.
El Plan México propone la estrategia de desarrollo económico para “la prosperidad compartida”. Su meta para el 2030 es situar a México entre las 10 economías más importantes del mundo, para lo cual se elevará la proporción de inversión dentro del PIB hasta llegar al 28% en los próximos 4 años. De igual manera, se propone crear 1.5 millones de empleos formales adicionales.
El Plan México es en realidad poco ambicioso en términos de largo plazo de desarrollo. La evolución socioeconómica de México, interrumpida por lo efectos negativos de la 4 T, requiere de una visión más ambiciosa centrada en el desarrollo de los recursos demográficos actualmente desatendidos por un mal trazado sistema educativo distorsionado ideológicamente.
Hay que retomar el ritmo que se había alcanzado hasta las vísperas del 2018. Las elecciones son el instrumento para la una sólida transformación basado en experiencias y capacidades profesionales y no de ambiciones ideológicas que hacen de la política un modus vivendi y un juego de loterías. El futuro de nuestras exportaciones depende de las circunstancias políticas y económicas, no sólo de los mercados internacionales y mucho menos de la defensa de narco políticos que el gobierno se empeña en proteger.
julofelipefaesler@yahoo.com