El narco, su amante, la violencia y los gringos
Advertencia. Esta es la visión desde lejos, no la de los mexicanos en México. "¿Ya viste lo que está pasando en México?", me preguntó por texto una periodista. Prendí la tele del hotel, y nada. Pero me metí en las redes sociales y ya se habían adelantado y estaban zumbando, como siempre.
El celular te permite tener a un reportero en cada esquina del mundo, en el mejor de los casos. En el peor, tienes a un desinformador muy destructivo. Pero todos, de alguna manera, nos estamos convirtiendo en expertos cibernéticos y logramos separar la realidad de lo que es "fake news".
Lo que vi era cierto y aterrador: cortinas de humo negro en varias zonas de Puerto Vallarta, mientras los turistas en traje de baño recibían noticias de sus vuelos cancelados; bloqueos de carros y camiones incendiados en carreteras de una docena de estados; gente despavorida corriendo a refugiarse en el aeropuerto de Guadalajara; montones de videos en TikTok y YouTube de tiroteos en las calles; tiendas, grandes y pequeñas, a las que les prendieron fuego y cuyos empleados apenas tuvieron tiempo de salir. Caos, balazos y fuego. Imposible ocultar la violencia en México a pesar de la desinformación y las imágenes falsas.
Este es el México del Mundial 2026.
Cuando le preguntaron en una conferencia de prensa a la presidenta Claudia Sheinbaum si los visitantes al próximo campeonato mundial estarían seguros, ella aseguró que tendrían todas las garantías, como si lo ocurrido hubiera sido inventado o una pesadilla. Entiendo que su mensaje debe ser de tranquilidad. Pero no hay nada de lo que está pasando en México que sugiera que está en paz, o que lo estará en el verano.
Parece que el mensaje oficial, desde arriba hasta abajo, es minimizar la violencia y no reconocer que se trata de una emergencia nacional. En un comunicado del Grupo Aeroportuario del Pacífico culparon de la sensación de inseguridad en el aeropuerto de Guadalajara a una "psicosis presentada entre los pasajeros". Efectivamente, en ese aeropuerto no hubo balazos, pero en la ciudad sí, y decenas de vuelos fueron cancelados.
Esto no es una "psicosis". Es la incapacidad del estado para controlar partes importantes de su territorio. Los muertos de la Guardia Nacional y de distintas agencias del gobierno durante el operativo contra Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como "El Mencho", son una triste muestra de la vulnerabilidad del estado frente a los cárteles de las drogas. Hay que reconocerlo: Existen partes de México donde los criminales operan lejos del alcance de los gobernadores y de la presidenta.
La captura y muerte de El Mencho se parece tanto a la guerra contra los narcos del expresidente Felipe Calderón (2006-2012), a quien tanto han criticado en el gobierno actual y en el de Andrés Manuel López Obrador. Se fueron por descabezar a la organización criminal, el Cartel Jalisco Nueva Generación, pero sin tocar a la estructura financiera y operativa, ni a los funcionarios gubernamentales que permiten su funcionamiento. No es la primera vez que algo así ocurre en México y ya nos sabemos el resultado: Habrá más violencia y reacomodo hasta que el cartel escoja a su nuevo líder.
Ojalá que el equipo de seguridad de la presidencia haya aprendido las lecciones del pasado y tenga ya preparado el siguiente paso. Pero habría que comenzar por nombrar correctamente la nueva estrategia. Ya no es "abrazos, no balazos", como la estrategia de López Obrador. Se están haciendo malabares para no ofender al ex. Pero ahora se necesita valentía y honestidad para romper con la fallida política del expresidente y decirle: "Lo voy a hacer a mí manera. Y eso incluye lidiar con las garras del vecino."
Estados Unidos ya lo confirmaron los dos lados, ayudó a identificar el lugar exacto donde estuvo El Mencho en unas cabañas de Jalisco con su "pareja sentimental" (no su esposa). Y no sorprende. Si los estadounidenses pudieron detectar al dictador Nicolás Maduro dentro de su búnker en Venezuela, El Mencho pudo ser una presa más fácil.
Lo difícil es el juego diplomático de Sheinbaum con el presidente Donald Trump. Hábilmente lo ha tenido de lejitos, dándole ofrendas - extraditando a dos grupos de narcotraficantes mexicanos -, controlando la migración en la frontera y recibiendo información de inteligencia. Pero jamás aceptando soldados de Estados Unidos en territorio mexicano, ni drones antinarcos. Esa es la línea roja, y hasta el momento Sheinbaum la ha logrado defender con inteligencia y cabeza fría.
Sin embargo, Trump es un mal socio, impredecible y no se puede confiar en él. Ya ha ofrecido muchas veces enviar tropas a México, y solo espera la excusa y el momento apropiado para hacerlo. Pero si lo hace sería una catástrofe. Trump sigue creyendo que las decenas de miles de muertes anuales en Estados Unidos por sobredosis son culpa de los carteles mexicanos de las drogas.
Por eso es tan importante ponerle atención a todos esos turistas estadounidenses que se quedaron atrapados en sus hoteles tras las explosiones de violencia en México. Ellos son los que están plagando todos los noticieros locales y las redes sociales con historias de horror. Y todas son ciertas. Han estado reportando con su teléfono, y México no sale bien parado.
México es un país muy violento, con miles de homicidios, feminicidios y desaparecidos, y no es normal lo que está viviendo. México también es un país muy fuerte, único y maravilloso. Pero lo más grave es que los mexicanos no se pueden poner de acuerdo entre sí sobre la mejor manera de acabar con la violencia.
Así lo veo desde fuera.