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OPINIÓN

El negocio de la muerte y el color del dinero

Pluma fuerte

El negocio de la muerte y el color del dinero

ROSARIO ADRIANA MOTA BOLÍVAR 10 sep 2026 - 07:07

Hay industrias que se disfrazan de salud pública mientras cavan fosas comunes.Dos de ellas, aparentemente inconexas, comparten un mismo ADN, la cosificación de la vida humana y la prioridad absoluta del beneficio económico sobre cualquier consideración ética o sanitaria. Una elimina vidas antes de que nazcan; la otra las envenena lentamente después de que lo hacen. Ambas son el negocio de la muerte en su expresión más refinada.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) documenta que cada año se practican cerca de 73 millones de abortos inducidos en todo el mundo. Seis de cada diez embarazos imprevistos, y tres de cada diez de todos los embarazosterminan en una interrupción voluntaria.

Worldometer, que es un equipo internacional de desarrolladores, investigadores y voluntarios con el objetivo de poner las estadísticas mundiales a disposición de un público amplio en todo el mundo, con base en estimaciones dela OMS, reportó que en 2025 se superaron los 73 millones, lo que convierte al aborto en la principal causa de muerte global, representando cerca del 52 % del total de muertes por cualquier causa. No son números abstractos. Sonvidas. Y detrás de cada cifra hay un negocio floreciente. Planned Parenthood, la cadena de clínicas abortistas más grande del mundo, reportó en 2024 la cifra más alta de su historia: 402,230 abortos, más de 1,100 por día. Sus ingresos superaron los 2 mil millones de dólares, incluyendo 792 millones en fondos gubernamentales. Mientras los servicios de salud general disminuyen, el aborto crece año tras año. Observando la organización refleja que “se está alejando cada vez más de la atención médica general y profundizando en los servicios de aborto con fines de lucro”. No es salud. Es un matadero industrial con factura.

Mientras tanto, en los estantes de los supermercados, otro negocio de la muerte se disfraza de colores brillantes. El Rojo 40 (Allura Red AC, E129) es un colorante sintético derivado del petróleo, presente en yogures, golosinas, helados, refrescos y todo tipo de alimentos ultraprocesados dirigidos a niños. Es un xenobiótico, una sustancia extraña para los organismos vivos, que no aporta ningún valor nutricional. ¿Y qué dice la ciencia? Un estudio publicado en la revista Carcinogenesis en 2024 señala que, aunque ninguna agencia gubernamental clasifica oficialmente al Rojo 40 como carcinógeno, su interacción con los guardianes clave de la carcinogénesis lo hace sospechoso y digno de una mayor investigación molecular.

Investigaciones en modelos animales han demostrado que el Rojo 40 daña el ADN tanto in vitro, es decir, pruebas o experimentos realizados fuera de un organismo vivo, así como in vivo, o sea, los estudios, pruebas y experimentos realizados en animales, plantas o humanos, y, consumido junto con una dieta alta en grasas, provoca inflamación de la microbiota e colónica y disbiosis, que es una serie de trastornos gastrointestinales que incluye en el hígado graso no alcohólico, la enfermedad celíaca y el síndrome de intestino irritable. El Centro para la Ciencia en el Interés Público ha documentado que el Rojo 40 contiene benceno, un carcinógeno conocido. Un estudio de la Universidad del Sur de California encontró una relación temporal entre el aumento del consumo de colorantes sintéticos en las décadas de 1970 y 1980 y la epidemia de enfermedades metabólicas y la aparición de cáncer colorrectal de inicio temprano en la década de 1990.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés)) ha permitido durante décadas que estos colorantes permanezcan en el mercado estadounidense, a pesar de la evidencia que los vincula con el cáncer y problemas de comportamiento en los niños. Un artículo de la revista Pace Law Review, publicación insignia de la Facultad de Derecho Elisabeth Haub de la Universidad Pace, califica esto como la aterradora verdad detrás de la regulación no ética de la FDA. No fue hasta abril de 2025 que la agencia anunció un plan para eliminar gradualmente los colorantes sintéticos derivados del petróleo, con un período de transición que se extiende hasta 2028.

Mientras tanto, la industria alimentaria sigue facturando. Los mismos conglomerados que producen los cereales y golosinas que atraen a los niños con sus colores artificiales son los que presionan para mantener estos aditivos en el mercado. No hay diferencia sustancial con el negocio del aborto; en ambos casos, la vida humana es un costo operativo, un daño colateral en la búsqueda de ganancias. Hay algo profundamente perturbador en una sociedad que debate apasionadamente el momento en que comienza la vida humana mientras, al mismo tiempo, introduce venenos en los alimentos que consume esa vida una vez nacida. Que se horroriza ante la imagen de un feto abortado, pero no ante la de un niño hiperactivo, con daños en su ADN y su sistema digestivo, consumiendo a diario productos que llevan petróleo refinado como si fuera un ingrediente más.

La OMS estima que el 45% de los abortos se realizan en condiciones de riesgo. Son mujeres pobres, desprotegidas, víctimas de un sistema que las abandona. Pero también son víctimas de un negocio que lucra con su desesperación.Al otro lado, los niños que consumen colorantes artificiales son, en su mayoría, hijos de familias de bajos recursos, para quienes los alimentos ultraprocesados son la opción más accesible. El sistema los mata en el vientre o losenvenena en la mesa. A veces, ambas. No se trata de elegir bando en un debate moral estéril. Se trata de señalar una verdad incómoda: donde hay vida humana, hay un negocio dispuesto a explotarla. El aborto es un negocio dela muerte porque convierte la interrupción de un embarazo en una transacción comercial, con balances anuales y proyecciones de crecimiento. Los colorantes rojos son un negocio de la muerte porque anteponen el atractivo visualde un producto a la salud de quienes lo consumen, especialmente los más vulnerables.

Mientras el mundo discute si la vida comienza en la concepción o en el nacimiento, el mercado ya ha decidido que la vida vale lo que se pueda pagar por ella. Y si se puede ganar dinero eliminándola o envenenándola, el capital no hace distinciones. Esa es la verdadera obscenidad. Esa es la muerte que realmente debería indignarnos

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