El pacto de Trump con la dictadura venezolana
Puede que, para cuando ustedes lean estas líneas, la líder opositora venezolana y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, haya logrado regresar a Venezuela. Pero si no lo logra por las trabas del gobierno de Donald Trump, será una vergüenza para el presidente estadounidense.
Machado intentó regresar a su país en un avión privado vía Curazao el 26 de junio, pero funcionarios de Estados Unidos le pidieron que diera media vuelta cuando sobrevolaba Carolina del Norte, según reportó el diario The Wall Street Journal.
Posteriormente, varios otros medios confirmaron la noticia. Una vocera del Departamento de Estado respondió que "Venezuela continúa siendo un país soberano" y que las autoridades venezolanas "la principal autoridad sobre su territorio".
Las tensiones entre Trump y Machado venían de antes, pero aumentaron cuando la Nobel anunció su intención de regresar a Venezuela tras el terremoto.
Desde la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero, Trump ha dejado claro que privilegia su relación con la dictadora interina Delcy Rodríguez por encima de Machado. Trump dijo falsamente el 4 de enero que Machado "no tiene apoyo ni respeto" en Venezuela.
Meses después, cuando Machado ganó el Premio Nobel de la Paz y se lo regaló a Trump para tratar de ganarse su apoyo, Trump agradeció el gesto. Pero la recibió en una reunión de bajo perfil, a puertas cerradas y sin periodistas.
En contraste, Trump ha elogiado repetidamente a Delcy Rodríguez, a quien describió como "una persona estupenda" con quien "estamos trabajando muy bien".
¿A qué se debe esta reticencia de apoyar a Machado, cuyo movimiento -según las actas de la votación de las elecciones de 2024 -arrasó con casi el 70% de los votos? ¿Cómo explicarlo cuando Machado ha elogiado hasta el cansancio a Trump, además de regalarle su Nobel?
La explicación es sencilla: Trump necesita presentar su intervención militar en Venezuela como un gran logro de su política exterior, especialmente después del fiasco de su guerra contra Irán. Teme que el regreso de Machado rompa la aparente calma política y afecte a las exportaciones de petróleo a Estados Unidos.
Para Trump, la estabilidad política en Venezuela viene primero, la democracia después. No es casual que haya repetido varias veces, contra toda evidencia, que "la gente está bailando en las calles" en Venezuela.
Brian Naranjo, un exfuncionario del Departamento de Estado que publica un boletín diario sobre Venezuela, me dijo en una entrevista que la prioridad de Trump en Venezuela son los negocios petroleros.
Para el gobierno de Trump, el regreso de Machado pondría en peligro "la arquitectura que han construido ambos países para abrir el sector petrolero, restablecer lazos aéreos, abrir el sector de minería, etc.", me señaló Naranjo.
El temor central de Trump, agregó, es que "el regreso de Machado pueda desestabilizar a Venezuela. Pero esa desestabilización ya existe, porque Delcy Rodríguez no es muy popular, y cada vez más gente quiere ver una transición política, y la quiere ver ya".
José Ramón Morales Arilla, un especialista en Venezuela del Instituto Tecnológico de Monterrey, me dijo que no le extrañaría que la principal - quizás la única - exigencia de Delcy Rodríguez a cambio de cooperar con Trump sea que Estados Unidos impida el regreso de Machado.
No me extrañaría que ese sea el pacto de Trump con Venezuela. Rodríguez podría haber hecho esa exigencia para ganar tiempo para consolidarse en el poder, o por imposición de los sectores más duros del ejército.
Pero Trump está cometiendo un error garrafal al frenar el regreso de Machado. Ella podría ser clave para contener las protestas que pueden surgir por la deficiente respuesta del gobierno al terremoto y abrir una negociación para un gradual retorno a la democracia.
Y Trump también erró en anunciar un paquete de ayuda de solo 300 millones de dólares para la reconstrucción de Venezuela. Aunque seguramente enviará mucho más dinero -es comprensible que quiera evitar que los fondos sean robados por funcionarios corruptos-la cifra representa la mitad de lo que Trump está destinando a la construcción del salón de bailes de la Casa Blanca.
Trump debería facilitar, en lugar de obstaculizar, el regreso de Machado a Venezuela. El terremoto ha acelerado los tiempos, y aferrarse a una estabilidad artificial en Venezuela puede ser una bomba de tiempo.