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OPINIÓN

El quinto partido

Jaque Mate

El quinto partido

SERGIO SARMIENTO 6 jul 2026 - 07:46

La filosofía de la 4T es siempre mostrar optimismo, aunque la realidad tenga otros datos. Nos dicen que “somos el país más democrático sobre la faz de la Tierra”, que “tenemos un sistema de salud mejor que el de Dinamarca”, que “la economía va muy bien”, que “vamos a ganar”. Poco importa que se haya reconstruido un sistema de partido hegemónico, que el sistema de salud se deteriore cada vez más, que la economía lleve siete años estancada o que la selección se enfrente a un equipo superior en el papel.

“Es muy importante que toda la afición, todas y todos los que celebren el triunfo del próximo domingo de la selección, porque vamos a ganar, que lo hagamos con responsabilidad”, dijo la presidenta Sheinbaum el 3 de julio. El triunfo era una certeza, el único problema era moderar la celebración. Ayer, antes del partido, el gobierno difundió un video del “gato Coco” de Palacio Nacional que sentenciaba: “El partido México-Inglaterra ya está definido por Coco”. El gato presidencial se dirigía presto a una charola con la bandera de México y despreciaba otra con la de Inglaterra, aunque, claro, la de México tenía alimento y la de Inglaterra estaba vacía. El realismo no tiene cabida en la 4T. Si alguien señalaba que Inglaterra era favorita en las apuestas y los análisis de especialistas neutrales se le calificaba de antipatriota. Es cierto que el juego no estaba definido de antemano. México había tenido una gran Copa del Mundo, con cuatro victorias y la meta invicta, y el juego iba a tener lugar en el Estadio Azteca. Pero Inglaterra era favorita.

El simple valor de las plantillas explicaba por qué: la escuadra inglesa llegaba con un valor de mercado de 1,470 millones de dólares, la mexicana con 207 millones. No es una diferencia pequeña. Las individualidades inglesas son muy superiores a las mexicanas.

Si el juego se hubiera realizado en otro lugar --Estados Unidos o Canadá-- los ingleses habrían sido abrumadoramente favoritos, pero el Estadio Azteca --torpe y temporalmente nombrado en el Mundial de la Ciudad de México-- no es cualquier escenario. Miguel Delaney, el reportero del diario The Independent de Inglaterra, lo explicaba: “Inglaterra entra a la catedral Azteca, el mayor estadio del futbol”. Es un estadio en el que tanto Pelé como Maradona levantaron Copas del Mundo y que albergó el partido más famoso del siglo XX, la semifinal Alemania-Italia de 1970; un estadio en el que México solo había perdido dos partidos oficiales. El propio Gianni Infantino, presidente de la FIFA, se refirió al Azteca como “una catedral del futbol”, un “estadio bendecido por los dioses del futbol”. Delaney ayer escribió que es “un altar dentro de una catedral. Después de todo, ha sido testigo de la Mano de Dios”.

Ni siquiera la catedral del futbol fue suficiente pare cambiar el resultado. Ganó el favorito. Los 2,400 metros de altura no fueron suficientes para rendir a los ingleses, ni la serenata con fuegos de artificio que un grupo de fanáticos montó para tratar de impedir que los ingleses durmieran la noche previa al juego. La selección mexicana llegó más, pero la inglesa y Jude Bellingham fueron más eficaces en sus llegadas.

Fue un gran partido, sin duda. No tiene sentido decir que jugamos como nunca para perder como siempre. México ya es una potencia futbolística. Empezamos la Copa del Mundo como 14 en el ranking de la FIFA, pero ayer estábamos en el décimo puesto. No nos alcanzó para ganar el quinto partido, como tampoco en 1986 frente a Alemania. Perdimos contra el cuarto equipo nacional del mundo, aunque hay que reconocer que ellos jugaron solo con 10.

FIFA CEDE

La FIFA cedió ante Trump y “suspendió” la sanción a Foralin Balogun, el centro delantero estadounidense expulsado en el partido contra Bosnia-Herzegovina. Es un pésimo precedente. Los países poderosos ahora impondrán decisiones disciplinarias a la FIFA.

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