El viejo Francisco Zarco: la historia del estadio que vio crecer a los Alacranes de Durango
El estadio Francisco Zarco, y su afición volvieron a rugir.
La noche del sábado 2 de mayo, los Alacranes de Durango hicieron pesar su casa y consiguieron el boleto a una nueva final de la Liga Premier MX, tras imponerse a Halcones FC en un partido cargado de tensión, entrega y ese ambiente que solo aparece cuando el futbol vuelve a tocar fibras profundas en la afición duranguense.
Pero más allá del marcador, la clasificación volvió a poner bajo los reflectores a un inmueble que forma parte de la memoria deportiva de la ciudad: el viejo Estadio Francisco Zarco, ese escenario que ha visto pasar generaciones, campeonatos, ascensos, frustraciones, tardes familiares y noches que todavía se cuentan con nostalgia.
Porque para Durango, el Zarco no es solo una cancha. Es una parte viva de su historia futbolera.
Un estadio que nació sin ceremonia, pero con destino de historia
El Estadio Francisco Zarco fue construido en la zona de la antigua Ciudad Deportiva de Durango, en lo que hoy se identifica con avenida Universidad, un corredor que por décadas ha concentrado parte importante de la actividad deportiva de la capital.
Su historia tiene un detalle curioso: no hay registro de una gran inauguración formal como suele ocurrir con otros estadios. De acuerdo con los datos históricos disponibles, el inmueble no tuvo una ceremonia oficial de apertura, debido a trabajos que aún quedaban pendientes; sin embargo, el 24 de noviembre de 1957 se jugó ahí el primer partido de futbol.
A partir de entonces, el Zarco comenzó a convertirse en punto de reunión para los aficionados. Primero como escenario deportivo de la ciudad, después como casa natural de los equipos que han representado a Durango, y finalmente como el nido donde los Alacranes construirían buena parte de su identidad.
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La casa donde creció el veneno albiverde
Aunque el estadio ya tenía varias décadas de existencia, su vínculo más fuerte con la afición llegó con los Alacranes de Durango, equipo que encontró en el Francisco Zarco algo más que una sede: encontró un refugio, una presión para el rival y una identidad propia.
Desde las gradas del Zarco se han visto temporadas complicadas, regresos, eliminatorias, finales y noches en las que el público duranguense ha demostrado que, cuando el equipo responde, la ciudad también se mete al partido.
Ahí, entre concreto, tribunas, palcos, pista de atletismo y cancha de pasto natural, se formó una relación muy particular entre el equipo y su gente. No es el estadio más moderno del país, tampoco el más cómodo, pero sí uno de esos inmuebles que cargan con una memoria que no se puede remodelar ni reemplazar tan fácilmente.
Las noches grandes que todavía pesan
El Francisco Zarco ha sido testigo de algunos de los momentos más importantes en la historia de los Alacranes.
En sus registros aparecen campeonatos que marcaron época para el futbol duranguense, como los torneos de Invierno 1998 y Verano 1999, cuando el equipo albiverde logró consolidarse y dar el salto a una etapa de mayor proyección nacional.
También está el recuerdo del Clausura 2013, cuando Alacranes volvió a levantar un título y mantuvo viva esa idea de que Durango podía competir, sufrir y celebrar desde su propia cancha.
A esos capítulos se suman otras noches recientes, como las finales y liguillas de los últimos años, en las que el Zarco volvió a llenarse de camisetas verdes, familias, porras y aficionados que quizá no vivieron las primeras glorias del club, pero que heredaron la costumbre de ir al estadio a creer.
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El Zarco también ha tenido que resistir
Como muchos estadios históricos del futbol mexicano, el Francisco Zarco ha envejecido con su ciudad. Ha tenido etapas de abandono, críticas por sus condiciones, remodelaciones parciales y trabajos urgentes para cumplir con requisitos de competencia.
En 2022, cuando los Alacranes volvieron a competir en la Liga de Expansión MX, el estadio tuvo que entrar en una etapa de adecuaciones. Se trabajó en espacios como palcos, vestidores, baños, circuito cerrado, embutacado y alumbrado, una de las necesidades más señaladas del inmueble.
Más recientemente, también se han anunciado inversiones para mejorar la iluminación, una muestra de que el viejo Zarco sigue siendo funcional, pero requiere atención constante para mantenerse a la altura de lo que representa.
Y aun así, con sus años encima, el estadio conserva algo que no se compra con presupuesto: ambiente.
Otra final vuelve a tocar la puerta
La clasificación de Alacranes a la final de la Liga Premier MX reabre una conversación que va más allá del futbol inmediato.
Cada vez que el equipo se acerca a un título, el Francisco Zarco recupera ese lugar simbólico en la ciudad. Vuelve a ser punto de encuentro, tema de sobremesa, motivo de orgullo y, por unas horas, el centro emocional del deporte duranguense.
La victoria ante Halcones FC no solo puso a Durango en una nueva final. También recordó que el Zarco sigue ahí, como testigo de una historia que todavía no termina.
Viejo, sí. Desgastado en partes, también. Pero con una carga sentimental que pocos espacios deportivos en Durango pueden presumir.
Porque mientras los Alacranes sigan peleando finales, el Francisco Zarco seguirá siendo mucho más que su casa: será el lugar donde Durango vuelve a creer en su futbol.