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Entre lo onírico y el tiempo: así es ‘Kaomojis’ de Tino El Pingüino

En entrevista con El Siglo de Durango, el rapero habló sobre su más reciente material.

Entre lo onírico y el tiempo: así es ‘Kaomojis’ de Tino El Pingüino

DANIELA L. ALMAGUER 5 ago 2026 - 18:44

Hay álbumes que cuentan una historia concreta y otros que funcionan como un espacio al que se regresa una y otra vez para descubrir algo distinto. “Kaomojis”, el más reciente material de Franco Genel, mejor conocido como Tino El Pingüino, parece pertenecer a esta segunda categoría.

Compuesto por 15 temas, el álbum se experimenta como esos instantes en los que una persona permanece acostada, con los ojos cerrados, mientras recuerdos, imágenes, conversaciones y episodios de distintas etapas de la vida aparecen de forma desordenada. No existe una línea narrativa rígida, sino una sucesión de fragmentos que se superponen como sucede en los sueños.

Aunque el título remite a los populares símbolos japoneses utilizados para expresar emociones, el propio rapero explicó que el concepto funciona más como una identidad visual que como el centro temático de las canciones.

“Yo me familiaricé con los kaomojis a raíz de una relación que tuve, donde se convirtió en un medio usual para la comunicación que teníamos. Entonces, un poco, o sea, no fue una cosa que yo pensé, sino que forma parte de un periodo en mi vida y, bueno, cuando eso terminó, pues quise agarrar ese concepto para el disco”, explicó en entrevista para El Siglo de Durango.

Lejos de construir una obra alrededor de esos símbolos, Tino considera que las canciones existen por sí mismas. “Las canciones son como universos estéticos en sí mismos. Entonces, sí, digo, más bien es como una investidura que le pones al proyecto, que acompaña el disco, pero tampoco termina siendo tan importante”.

Un universo de referencias

Si algo distingue a “Kaomojis” es la densidad de sus letras. Las referencias aparecen constantemente: literatura, canciones populares, videojuegos, poetas, recuerdos personales y expresiones cotidianas conviven dentro de una misma composición.

Las canciones exigen una escucha atenta. Algunas referencias son evidentes; otras parecen ocultarse entre imágenes abstractas que revelan nuevos significados con cada reproducción. Es un trabajo que oscila entre la cultura literaria y el lenguaje más chilango, entre la sofisticación de ciertas citas y la naturalidad de una conversación cotidiana.

Para el músico, esa complejidad responde a una forma particular de entender la composición. “Me gusta que la música sea compleja, que las letras tengan mucha profundidad y por eso me toma tanto tiempo hacerlas, porque realmente hay un trabajo de recopilación que es muy importante de mis lecturas, de los medios con los que yo interactúo”.

Después de más de dos décadas escribiendo rap, asegura que buena parte del proceso se sostiene en la intuición desarrollada por el oficio.

“Al final, créeme que es una cosa que es tan instintiva. Nada más, todo funciona a través de un pulso, ¿no? O sea, de un pulso que uno genera por el oficio. Imagínate que llevo yo haciendo esto 21 años, entonces tengo el oficio para hacerlo”.

El tiempo como protagonista

Si bien en el álbum aparecen el amor, las pérdidas y distintas experiencias personales, la sensación predominante parece ser otra, el paso del tiempo.

Las canciones avanzan como una línea temporal fragmentada donde conviven la infancia, la adolescencia, la vida adulta y la experiencia acumulada tras 21 años dentro del rap mexicano. Más que detenerse en un episodio específico, el disco parece observar todo aquello que ha construido a Franco Genel a lo largo de los años.

Esa lectura encontró eco en el propio artista. “Siempre he sentido yo que lo que hago va mucho de la memoria. Hay un tema ahí que nunca está muy claro desde qué tiempo se está hablando. Hay una cosa que es muy elíptica y luego hay un tema ahí siempre con la regresión a la adolescencia o a una etapa más primigenia de la mente”.

Esa relación con la memoria también explica el carácter cambiante del álbum, donde una misma canción puede sentirse distinta dependiendo del momento en que se escuche.

“Siempre he sentido que lo que termino poniendo en las canciones funciona como en distintas líneas temporales. Por eso también hay un tema ahí que es de mucha ensoñación, o algo onírico; tiene como una naturaleza que es cambiante”.

Entre susurros y regresiones

La sensación onírica se extiende también hacia la producción y la interpretación vocal. A lo largo del disco abundan los susurros, las voces que parecen surgir desde la distancia y los cambios de intensidad que evocan esos momentos en que una persona se encuentra dormitando, atrapada entre la vigilia y el sueño. Hay canciones que se sienten como recuerdos difusos; otras, como regresiones que aparecen sin previo aviso.

La voz del rapero también parece llevarse constantemente al límite. En distintos momentos explora registros poco habituales dentro de su catálogo, una búsqueda que forma parte de la evolución que persigue después de más de dos décadas de carrera.

“Yo estoy tratando con la voz ampliar mi rango, hacer cosas más arriesgadas, cantar más, usar voces distintas. Siempre hacer cosas que no he hecho”.

El oficio y la incertidumbre

A pesar de la experiencia acumulada, Tino reconoce que sigue existiendo una tensión permanente entre la confianza que otorga el oficio y la incertidumbre propia de la creación artística.

“Siento que ya en este punto sí trabajo con mucha certidumbre y con mucho conocimiento de causa de lo que estoy haciendo”.

Sin embargo, asegura que la motivación continúa siendo la misma, intentar hacer mejor música. “El deseo de hacer mejor música. Sencillamente yo te diría, a mí me interesa hacer mejor música”.

Esa búsqueda constante es, para él, una de las razones por las que sigue encontrando atractivo el proceso creativo.

“Cada vez que avanzas más te das cuenta que la parte que es desconocida es infinita. Nunca se acaba y no tiene un límite”.

Forma única de contar historias

Aunque sus canciones suelen ser analizadas desde una perspectiva literaria debido a la riqueza de sus referencias y a la construcción de sus imágenes, el músico no imagina trasladar esa narrativa a otro medio. “A mí lo que me interesa es este medio. A veces la gente lo simplifica y dice ‘sí, es poesía con música’, pero no, es algo en sí único”.

Incluso, al preguntarle qué haría si algún día dejara de rapear, la respuesta fue contundente. “No sé hacer nada de verdad aparte de rapear”.

Así, en “Kaomojis”, esa convicción se traduce en un trabajo que parece construido desde la memoria, pero también desde la experiencia. Un álbum que no busca ofrecer respuestas inmediatas ni lecturas únicas, sino abrir una serie de puertas que conducen a distintos momentos, recuerdos y emociones.

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