Erotismo y libertad
“Algunas mujeres también pensamos en sexo todo el tiempo, ¿sabes?”. Mónica Soto Icaza
En marzo de 2014 leí dos libros de una autora que no conocía, Mónica Soto Icaza. Tacones en el armario, una novela, empezaba narrando que el marido de la protagonista "hizo una fogata cuando se encontró mi colección de condones". Tras enterarse de las infidelidades de su esposo, ella había meditado: "Yo pude haberme quedado en casa como todas y como todos los días, con mi cara de estúpida, el dolor enfermando mi cuerpo y mis recuerdos embarrados en estiércol". Optó mejor por explorar su propia libertad. Un día conoció en una cafetería a un hombre que le preguntó su nombre y ella respondió: "Soy Ángela, y son diez mil pesos la hora". Después trató de corregir, "La verdad estaba bromeando, no soy prostituta ni cobro diez mil pesos la hora", pero era demasiado tarde. Terminó en la cama con el desconocido y empezó una nueva profesión. Amarte descalza, el otro libro, era una colección de poemas de inquietante erotismo: "Mis martes solicitan dueño: busco un compañero para practicar la danza del vientre en su cadera". Publiqué entonces un artículo que citaba estos libros para cuestionar las políticas moralistas de un gobierno supuestamente progresista, el de Miguel Ángel Mancera del PRD, que perseguía a prostitutas, bailarinas eróticas, meseros y boleteras de table dance por supuesta trata de personas.