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BIBLIOTECAS DURANGO

Escritores rechazan cierre de bibliotecas en Durango; ciudadanos lanzan petición en Change.org

El debate comenzó a avivarse cuando se informó que el Gobierno Municipal analizaba cierres por baja afluencia.

Escritores rechazan cierre de bibliotecas en Durango; ciudadanos lanzan petición en Change.org

DANIELA L. ALMAGUER 24 oct 2026 - 11:43

La posibilidad de cerrar bibliotecas municipales en Durango ha generado preocupación entre escritores duranguenses y autores radicados en la entidad, así como a la ciudadanía en general, quienes advierten sobre las consecuencias de reducir los espacios públicos dedicados a la lectura, la formación y el acceso al conocimiento.

El debate surgió luego de que se diera a conocer que el Gobierno Municipal analizaba el cierre de ocho bibliotecas debido a la baja afluencia de usuarios y los costos de operación. De acuerdo con la información obtenida, de las 21 bibliotecas que se encontraban bajo administración municipal, tres ya habían cerrado, las ubicadas en Navacoyán, la colonia Gobernadores y Ampliación PRI.

Sin embargo, la presión social tras las críticas por la declaración de Giovanni Rosso Güereca, director del Instituto Municipal para el Desarrollo Humano y Valores, así como evidencia de la actividad y su afluencia, detuvieron el cierre de la biblioteca de El Nayar, según información obtenida por El Siglo de Durango, después de que el posible cierre del recinto generara preocupación entre habitantes y personas vinculadas con sus actividades.

“¿Cómo pretendemos formar humanos íntegros?”

Ante este panorama, escritores manifestaron su rechazo a la posibilidad de clausurar más espacios. Sus posicionamientos coinciden en que la baja asistencia no debería ser motivo para eliminar estos servicios, sino una razón para replantear las estrategias de promoción de la lectura y fortalecer su funcionamiento.

El escritor Horacio Alejandro González Sánchez advirtió que el posible cierre de las bibliotecas representa una amenaza para la formación de las personas y para el acceso a distintas formas de pensamiento. En su posicionamiento, destacó que los libros permiten compartir conocimientos y ampliar la perspectiva individual más allá de las opiniones dominantes.

“Los libros son este conocimiento que compartimos entre todos y no solamente la opinión vulgar que nos encausa hacia donde los demás quieren. ¿Cómo pretendemos formar humanos íntegros sin la posibilidad de una biblioteca que les quede cerca?”, expresó.

El autor también comparó la situación con “Fahrenheit 451”, la novela distópica de Ray Bradbury sobre una sociedad en la que los libros son perseguidos y destruidos. Para González Sánchez, “los libros son una riqueza que, cuando se abre, expande el mundo y ensancha el sentido de nuestra existencia”, por lo que espera que la propuesta de cierre no llegue a concretarse.

Por su parte, la escritora Socorro Soto calificó de grave la posibilidad de clausurar estos espacios, especialmente ante la disminución de librerías en la entidad. Consideró que los libros resguardan la historia y los conocimientos acumulados por la humanidad, mientras que las bibliotecas permiten que ese patrimonio llegue a la población.

“En el libro nos obsequia conocimiento, historias, mitos, métodos científicos, saberes. Y la humanidad guarda y preserva su propia historia a través de la narrativa, es decir, a través de los libros”, señaló.

Soto también cuestionó la falta de atención institucional hacia el fomento cultural y expresó preocupación por la posibilidad de que desaparezcan más espacios dedicados a la lectura. “Es gravísimo. Ni el gobierno federal, ni municipal, ni las instituciones responsables de la cultura parecen estar muy interesadas en resolver esto”, manifestó.

Fortalecer los espacios, no eliminarlos

El escritor Francisco Márquez Razo retomó la frase “Medio pan y un libro”, del poeta Federico García Lorca, para destacar la importancia de la lectura en el desarrollo humano, independientemente de los cambios políticos.

“Existen aspectos dentro de la naturaleza humana que jamás dejan de tener vigencia, uno de ellos es el deseo de ampliar nuestros horizontes, leer para que nuestra alma no muera”, expresó.

Márquez Razo también cuestionó que, durante noviembre, mes relacionado con la promoción del libro y la lectura, se plantee la posibilidad de cerrar bibliotecas. Además, señaló que las decisiones en materia cultural deben considerar la legislación vigente en el estado y las responsabilidades de las instituciones públicas.

En la misma línea, Petronilo Amaya consideró que las bibliotecas necesitan más apoyo y campañas que permitan atraer a nuevos lectores, particularmente entre las generaciones jóvenes. Para el escritor, el argumento de que estos espacios tienen pocos usuarios debería llevar a revisar cómo se promueven sus servicios.

“A las bibliotecas hoy en día hay que apoyarlas aún más, para que sigan siendo templos y espacios del saber”, sostuvo.

Amaya añadió que la lectura debe entenderse como una herramienta para construir mejores condiciones de vida y ampliar las oportunidades de las familias. “Un futuro bueno para las familias se tiene que construir con las bases firmes de la lectura”, afirmó, antes de advertir que “cerrar bibliotecas es cerrar la posibilidad de aprender a ser mejores”.

Por su parte, Zita Barragán también dijo que el cierre sería un error. “No es aconsejable en las circunstancias actuales; no demos muerte al gladiador, eso no es justo, conveniente ni civilizado”.

“Existen muchas posibilidades de salvación que, unidas a la inteligencia y la buena voluntad de quienes tienen en sus manos este tipo de decisiones, pueden rescatar con éxito la existencia y el funcionamiento de estos recintos que reflejan el grado de sensibilidad y cultura de los habitantes de un pueblo y de sus representantes políticos”.

El escritor Óscar Jiménez Luna también se pronunció en contra de la medida y propuso renovar estos espacios para responder a las necesidades actuales, sin perder su función esencial como lugares de consulta y lectura.

“Mala cosa sería cerrar bibliotecas aquí en Durango y en cualquier parte del mundo, porque siempre han sido y seguirán siendo espacios para la difusión del conocimiento, el cultivo de la imaginación y el desarrollo de pensamiento crítico”, expresó.

Jiménez Luna planteó que las bibliotecas deben adaptarse al uso de internet y los formatos digitales mediante un proyecto integral y profesional que amplíe sus servicios y las convierta en centros culturales más completos, sin desplazar los libros impresos.

“No todo son números de asistencia. La tarea es atraer más usuarios, no cerrarles la puerta a los que quedan”, señaló.

El autor también subrayó la importancia de conservar las colecciones bibliográficas y los anaqueles, al tiempo que se incorporan equipos modernos para consultar información. Asimismo, llamó a mantener los talleres infantiles y las actividades que contribuyen a la formación de las nuevas generaciones.

Críticas a la cultural municipal

El escritor español Samir Delgado, residente en Durango, cuestionó la manera en que las instituciones locales atienden los recursos destinados a la cultura. Como ejemplo, señaló que otras ciudades impulsan alternativas para acercar los libros a la población, desde bibliobuses hasta jornadas de lectura y festivales literarios.

“Muchas ciudades en el mundo están revalorizando sus bibliotecas con recursos innovadores”, afirmó. En contraste, consideró que en Durango existe una falta de prioridad hacia el turismo cultural y las iniciativas que podrían fortalecer la vida literaria de la ciudad.

Delgado también criticó que la permanencia de las bibliotecas se valore principalmente mediante criterios económicos, sin tomar suficientemente en cuenta su función social. A su juicio, estos espacios pueden contribuir a ampliar las oportunidades educativas y culturales de la población.

Por su parte, Carlos Yescas relacionó la discusión con la desaparición del Instituto Municipal del Arte y la Cultura (IMAC), al considerar que ambas situaciones reflejan una visión limitada de la gestión cultural.

“La actual administración municipal borró desde un escritorio al Instituto Municipal del Arte y la Cultura. Bajo esa misma visión ignorante, el paso ‘lógico’ para ellos era evidente: desmantelar las bibliotecas”, expresó.

Yescas cuestionó que los recintos se evalúen únicamente desde una perspectiva financiera, especialmente cuando, según señaló, no existe claridad sobre el destino que tendrían los recursos ahorrados. Para ilustrar su crítica, comparó esa lógica con cerrar estaciones de bomberos porque registran pocos incendios.

“Medir a estos espacios públicos con una mira financiera, donde, además, ni siquiera sabemos a dónde o a quién se redirigen esos recursos, es absurdo”, sostuvo.

Una petición para defender las bibliotecas

En paralelo, comenzó a circular una petición en la plataforma Change.org para reunir firmas contra el cierre de las bibliotecas municipales. La iniciativa busca sumar apoyo ciudadano para defender la permanencia de estos recintos y llamar la atención sobre la importancia de mantener el acceso público a los libros y las actividades culturales.

Y es que mientras continúa la incertidumbre sobre el futuro de los recintos municipales, la petición ciudadana contra los cierres busca reunir firmas y ampliar el respaldo a la permanencia de las bibliotecas.

La continuidad de El Nayar representa una decisión concreta a favor de mantener abierto ese espacio, pero no resuelve la situación de las demás bibliotecas ni la de sus trabajadores.

Los escritores coinciden en que, antes de plantear cierres, es necesario explorar alternativas para atraer lectores, actualizar los servicios, impulsar talleres y aprovechar las herramientas digitales.

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