Frases hechas: lugares comunes
Hoy desviamos ligeramente la temática de Panorama para referirnos a los vicios que dificultan o entorpecen la comunicación. Frecuentemente incurrimos en ellas; las usamos con mucha facilidad; las escuchamos y las decimos; de manera reiterada las aplicamos a situaciones cotidianas. Elementos nocivos en la arquitectura de la comunicación, en los andamios de la construcción lingüística, son las frases hechas y los lugares comunes, de los que difícilmente escapan las personas, por lo que tenemos que ser muy cuidadosos al momento de establecer comunicación con un individuo, con un grupo o con un auditorio.
Los políticos hacen uso de estos vicios, utilizando un tipo de lenguaje folclórico, con los que exhiben pobreza, ausencia de ideas, debilidad en la concepción gramatical. Fijemos nuestra atención en el siguiente párrafo: “Asumo esta candidatura con plena conciencia de la responsabilidad contraída. Tenemos al frente un panorama de retos y compromisos; juntos vamos a cumplir esta tarea; el país nos necesita y lo necesitamos a él. Con esfuerzo, voluntad y decisión saldremos adelante y alcanzaremos el triunfo. La victoria nos espera, vamos por ella. . . “
Es un fragmento de discurso político que puede ser adjudicado o atribuido a cualquiera persona, de cualquier partido, de cualquier ideología. ¿Porqué? Porque está plagado de frases hechas, de lugares comunes; frases huecas que nada dicen; muchas palabras y pocas ideas. Es lo que en el argot de la política se conoce como demagogia: engaño, vistiendo la mentira con el ropaje de la verdad. Tenemos que ponernos a salvo de estos vicios o defectos para que nuestra comunicación sea clara y transparente.
Son frases hechas y lugares comunes, porque ya las han hecho otros con anterioridad, porque los han citado antes que nosotros. Lugar común es ese sitio al que acudimos todos; por ejemplo, si hablamos de Don Quijote, inmediatamente lo asociamos con Sancho Panza, y a éste con el ingenio y con la ingenuidad, a veces irónica, pero siempre mordaz y aleccionadora; si aludimos a la Odisea, de manera automática pensamos en el héroe mítico que fue Ulises y en el cíclope de Ítaca; si nos referimos a la Novela de la Revolución Mexicana, traemos a la mente “Los de Abajo”, de Mariano Azuela, o “Ulises Criollo”, de José Vasconcelos.
Lugares comunes de los que pretendemos escapar, son los que seguramente encontraremos al momento de iniciar la aventura literaria. Dicen los maestros de literatura que la ruta lógica del escritor es la del poema, el cuento y la novela: nos llega el amor y nos da por hacer poemas, de versificar; si esta “enfermedad” se hace incurable y pegadiza, como bien decía Cervantes de Saavedra, ella nos lleva al ensayo, y de ahí experimentamos el placer del artículo periodístico, y de éste a la novela, a la obra teatral, hasta el libreto para radio y televisión, y todo lo que se nos viene a la imaginación o a la oportunidad.
Si tenemos la mala costumbre de hacer “refritos literarios”, usemos nuevos aceites para “refreír”; es decir, insistamos en lo que estructura nuestro pensamiento, tomemos el mismo tema todas las veces que creamos necesarias, pero presentémoslo con diferente “ropaje”. Una vez, utilicémoslo en un poema; otro, en un epigrama; ahora en un discurso, después en una conferencia; luego en un ensayo. Vistámoslo de mil disfraces: hoy como metáfora, mañana como alegoría, pero siempre expresando nuestra convicción.
Escapar de los lugares comunes no es evadir determinada temática, sino evitar esas frases hechas que se ponen de moda o se repiten de igual manera “desde la oscuridad de los tiempos”, “desde que Adán fue seducido por la serpiente al probar la manzana que le ofreció Eva”.
r_munozdeleon@yahoo.com.mx