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OPINIÓN

Operación monumento

Galería Seisdieciocho.

Operación monumento

CARLOS CÁRDENAS 15 mar 2026 - 04:03

De nueva cuenta, los duranguenses estamos siendo testigos de un atentado al patrimonio cultural y artístico de la cuidad capital de Durango.

Recientemente ha trascendido la noticia de la probable reubicación del monumento escultórico en honor al Gral. Francisco Villa, figura relevante de la revolución mexicana.

Lo que impacta significativamente, no solo a la comunidad artística sino a toda la ciudadanía, son dos cosas: la reubicación se hará a otro municipio, en este caso San Juan del Río, de donde es oriundo el Centauro del Norte y por otra parte, el rumor de que se instalará en la plazoleta que se encuentra frente a la central camionera una escultura de 25 metros de altura que representa al héroe revolucionario antes citado.

En estos momentos, para nadie es desconocido el descontento ciudadano que esta noticia a generado, y no es para menos, la obra escultórica en cuestión se posicionó, desde hace medio siglo como un símbolo emblemático de la ciudad.

La monumental escultura de bronce es una obra caracterizada por un dinamismo poco común logrado a partir de una notable pericia artística que apostó por una posición del caballo consus patas delanteras levantadas, lo cual representa un grado de dificultad técnica significativo y que un equipo de talentosos artistas coordinado por el Maestro Francisco Montoya de la Cruz, fundador de la Escuela de Pintura, Escultura y Artesanías de la Universidad Juárez del Estado de Durango, hoy Facultad de Artes Visuales y Plásticas, realizó tan exitosamente que no son pocos quienes la consideran la mejor escultura ecuestre sobre el tema y de muchas otras del género.

Colocada en una glorieta en 1976 la obra resultó ser tan sobresaliente que se posicionó rápidamente como símbolo emblemático de la ciudad y motivo de orgullo tanto para la ciudadanía como para la institución educativa que la vio nacer.

Siendo sincero, debo decir que este tipo de atropellosno nos sorprenden, para quienes hemos vivido en carne propia la falta de respeto institucional a nuestro trabajo artístico, sobre todo cuando se trata de obra de carácter público, el panorama no puede ser más desalentador.

Los repetidos intentos de querer concientizar a los institutos de cultura de la necesidad de crear órganos de consulta colegiados han fracasado, no por una falta de propuestas adecuadas sino por el evidente desinterés institucional, el cual, como hoy se confirma, tiene su origen en la elección de un ejercicio arbitrario de las políticas culturales, aunado al silencio, y por lo mismo, complicidad, de quienes tiene la responsabilidad de asesorar debidamente a los gobernantes en materia de cultura.

Las decisiones de esta naturaleza, por mucho que se quieran justificar con la ubicación de otra escultura de mayores proporciones - que por cierto, no tenemos ni la menor idea de qué tipo de proyecto se trate y en manos de quien recaiga tal responsabilidad, menos aún, la inversión requerida - suponen, como ya se ha reflejado recientemente en la opinión pública, un agravio a la identidad cultural de la localidaddebido al carácter simbólico del monumento en cuestión y de pasada, un riesgo para la imagen del gobierno actual, tanto estatal como municipal, que tendrán que pagar, sin lugar a dudas, un costo histórico inevitable y muy poco recomendable, una mancha que se cargará siempre, sí o sí. No lo digo yo, lo dice la historia.

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