'Gymtimidation' o miedo al gimnasio, la razón por la que muchos no hacen ejercicio
Entrar a un gimnasio puede parecer, para muchas personas, un reto mayor que el propio ejercicio. Más allá del esfuerzo físico, existe un temor silencioso que frena a quienes desean moverse, cuidarse y empezar una rutina: el miedo a no encajar.
Ese sentimiento, conocido popularmente como “miedo al gimnasio”, es una de las razones más comunes por las que muchas personas postergan, o abandonan, la idea de hacer ejercicio, aun cuando el deseo de mejorar su bienestar está presente.
Entrar, un reto
A este sentimiento se le conoce como “Gymtimidation”, concepto que da visibilidad a una inseguridad que afecta a 1 de cada 10 personas para las que entrenar se convierte en un problema.
Y es que el gimnasio, para quienes nunca han estado en uno o llevan mucho tiempo sin entrenar, puede percibirse como un espacio intimidante. Máquinas desconocidas, rutinas que parecen complejas y un entorno donde abundan personas con mucha experiencia pueden generar la sensación de estar fuera de lugar.
A esto se suma el miedo a ser observado, juzgado o comparado, especialmente en una cultura que durante años ha asociado el ejercicio con cuerpos “perfectos” y resultados inmediatos.

¿No es para mí?
Desde un enfoque social, este temor también tiene que ver con la falta de representación y empatía en algunos espacios. Muchas personas sienten que el gimnasio no es para ellas, que no tienen el cuerpo adecuado, la edad correcta o la condición física “suficiente” para estar ahí.
En otros casos, el ambiente puede percibirse como poco acogedor o incluso hostil, ya sea por actitudes competitivas, miradas incómodas o dinámicas que refuerzan la idea de que solo quienes saben lo que hacen tienen derecho a ocupar ese espacio.
El desconocimiento es otro factor clave. El ejercicio de pesas, en particular, suele estar rodeado de mitos y confusión. No saber cómo usar una máquina, cómo cargar una barra o por dónde empezar puede generar ansiedad y vergüenza, cuando en realidad se trata de un aprendizaje gradual. Nadie nace sabiendo entrenar, pero pocas veces se normaliza ese proceso de inicio.

Adiós al miedo
Vencer el miedo al gimnasio implica, en primer lugar, cambiar la narrativa. El gimnasio no es un escenario de competencia, sino un espacio de salud. Recordar que cada persona está ahí por razones distintas y en momentos diferentes de su proceso ayuda a reducir la presión. Elegir horarios menos concurridos, comenzar con rutinas sencillas o pedir apoyo a un entrenador son estrategias que pueden marcar una gran diferencia.
También es importante redefinir el ejercicio de pesas como una herramienta de bienestar y no como una prueba de fuerza o apariencia. Empezar con poco peso, aprender la técnica y avanzar de manera progresiva fortalece no solo el cuerpo, sino también la confianza. La familiaridad con el espacio y los movimientos suele disipar el miedo con el tiempo.
Finalmente, adoptar una mirada más compasiva hacia uno mismo es esencial. Sentirse nervioso, inseguro o fuera de lugar al principio es completamente normal. Dar el primer paso, aunque sea incómodo, es un acto de valentía y autocuidado.
El gimnasio no debería ser un lugar que excluya, sino un espacio que acompañe procesos, celebre avances personales y recuerde que el ejercicio es para todos los cuerpos, en todos los niveles y en cualquier etapa de la vida.