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Hotel Casablanca, el edificio que llevó a Durango hacia la modernidad

Desde tempranas horas, sus mesas suelen llenarse de conversaciones, encuentros de trabajo y reuniones familiares.

Hotel Casablanca, el edificio que llevó a Durango hacia la modernidad

DANIELA ALMAGUER 1 sep 2026 - 13:23

Durante décadas, el perfil urbano de Durango estuvo marcado por una construcción que simbolizaba el avance de una ciudad que comenzaba a mirar hacia la modernidad. Se trataba del Edificio Durán, conocido hoy popularmente como Hotel Casablanca, un inmueble que desde mediados del siglo XX no solo transformó el paisaje de la capital, sino que también se convirtió en uno de sus principales espacios de encuentro social, cultural y gastronómico.

Ubicado en la esquina de avenida 20 de Noviembre y calle Zaragoza, a escasas cuadras de la Catedral, el edificio fue concebido en 1942 por iniciativa de la familia Durán, encabezada por Eugenio Durán. Originalmente proyectado como un complejo de oficinas y departamentos, su construcción representó un acontecimiento para la ciudad, sería el primer edificio de más de tres niveles en Durango y, durante varios años, el más alto de la capital.

SÍMBOLO DE UNA NUEVA ÉPOCA

El proyecto fue encargado al arquitecto Gustavo Mirabal, en la Ciudad de México, quien diseñó una estructura innovadora para su tiempo. Gracias al uso de concreto y acero, materiales que apenas comenzaban a emplearse de manera extensiva en la región, la obra se convirtió en la primera construcción elevada de estas características en Durango.

La estructura quedó concluida hacia 1945, aunque su destino cambió antes de ser inaugurada. Sin que se conocieran públicamente las razones, el proyecto dejó de ser un edificio de oficinas para transformarse en un hotel. Fue entonces cuando el arquitecto Juan Vanegas Piña asumió la fase final de los trabajos, adaptando los espacios interiores y los acabados para dar vida al que pronto se convertiría en uno de los establecimientos más emblemáticos de la ciudad.

Desde entonces, el Hotel Casablanca ha permanecido como un referente de hospitalidad duranguense y un testigo silencioso de la evolución de la capital.

HUÉSPEDES DE LEYENDA

La fama del inmueble trascendió las fronteras estatales. A lo largo de su historia, el hotel recibió a destacadas figuras del cine mexicano e internacional que visitaron Durango durante la época dorada de los rodajes western.

Por sus habitaciones pasaron personalidades como Mario Moreno “Cantinflas”, Pedro Infante e incluso estrellas de Hollywood como Clark Gable, atraídas por las producciones cinematográficas que encontraron en los paisajes duranguenses el escenario ideal para sus historias.

Aquellas visitas consolidaron al Casablanca como uno de los hoteles más reconocidos del norte del país y como una referencia obligada para quienes llegaban a la ciudad.

UNA TRADICIÓN

Si el edificio marcó la modernidad arquitectónica de Durango, su restaurante ayudó a construir buena parte de la memoria colectiva de varias generaciones.

Considerado el primer restaurante formal de la ciudad, el espacio ha funcionado durante más de ocho décadas como punto de reunión para políticos, artistas, intelectuales, empresarios, familias y viajeros. Desde tempranas horas, sus mesas suelen llenarse de conversaciones, encuentros de trabajo y reuniones familiares que forman parte de la vida cotidiana del Centro Histórico.

La tradición gastronómica del Casablanca se ha mantenido fiel a sus raíces. Entre sus platillos más representativos destacan las enchiladas rojas durangueñas, el tradicional caldillo durangueño elaborado con chile pasado, además de chocolates espumosos y pan dulce que evocan la cocina doméstica de la región.

ARTE ENTRE PASILLOS

Más allá de su valor histórico y gastronómico, el Hotel Casablanca resguarda un importante patrimonio artístico poco conocido por muchos visitantes.

En el restaurante se exhibe una colección integrada por más de veinte obras de artistas duranguenses, entre ellas piezas de Guillermo Bravo, Rojo Garrido e Hipólito Juárez. Destaca especialmente un mural al óleo realizado en 1954 por Juárez, ubicado en el descanso de la escalera principal, donde se representa una imagen desaparecida de la Plaza de Armas y sus antiguas arcadas.

También permanece resguardado un mural acrílico realizado por Guillermo Bravo en 1965, ubicado en una antigua área del hotel que permanece cerrada al público, así como una serie de pinturas históricas elaboradas por el taller de Hipólito Juárez que narran episodios relevantes de la historia de Durango.

Así, a más de 80 años de su construcción, el antiguo Edificio Durán continúa siendo uno de los símbolos arquitectónicos más reconocibles del Centro Histórico.

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