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Houston, we have a problem...

Cariñoterapia

Houston, we have a problem...

VANESSA BARDÁN PUENTE 25 jul 2026 - 14:37

La famosa frase se hizo célebre durante la misión Apolo 13 para anunciar que algo había salido terriblemente mal. Lo curioso es que, con el paso de los años, terminó convirtiéndose en la frase oficial de la vida adulta.

Cuando somos niños estamos convencidos de que los adultos tienen todas las respuestas. Creemos que a los treinta ya sabes exactamente qué hacer con tu vida, que a los cuarenta todo está bajo control y que a los cincuenta ya alcanzaste esa misteriosa sabiduría donde nadie se equivoca, nadie duda y todos tienen perfectamente resueltos sus impuestos, su matrimonio y su colesterol. ¡Qué inocencia tan hermosa!

Después creces y descubres que la vida adulta consiste, en buena medida, en improvisar con mucha seguridad y fingir que todo va bien. Te das cuenta de que tus papás tampoco sabían exactamente qué estaban haciendo; simplemente hacían lo mejor que podían con lo que tenían.

Descubres que los adultos también lloran en el baño, le tienen miedo a la cucaracha voladora y están convencidos de que toda rata dentro de casa tiene intenciones homicidas. Los adultos también se equivocan, también llaman al hermano para preguntar cómo se hace un trámite y también buscan en internet cosas como: “¿Por qué hace ese ruido mi refrigerador?” o “¿Es normal que me duela aquí?”

De niño creías que los adultos resolvían problemas, de adulto descubres que, en realidad, lo que hacemos es ir resolviendo un problema mientras otro ya viene en camino. Cuando por fin arreglas el coche......se descompone el refrigerador, apenas pagas una deuda... ¡Houston, tenemos otro problema! Logras bajar tres kilos... ¡Houston! Resulta que ahora la rodilla te empezó a tronar. Por fin encuentras pareja... ¡Houston! Venía con traumas incluidos y sin instructivo. Los hijos crecen... ¡Houston! Ahora los problemas también crecieron. El perro se enferma. El celular se rompe justo cuando no tienes dinero. Y cuando por fin piensas que todo está bajo control... aparece un dolor de muela. Porque los problemas tienen un talento extraordinario para organizarse por turnos, casi nunca llegan solos.

Lo más curioso es que, de jóvenes, imaginábamos que los adultos tenían la vida resuelta. ¡Qué ternura!, más bien aprendemos a decir frases como: “Ya veremos.” “No pasa nada.” “Todo tiene solución.” mientras por dentro estás gritando: “¡Houston, tenemos varios problemas!”

Con los años también desarrollas un sexto sentido. Aprendes que cuando una semana transcurre demasiado en paz, lo prudente es revisar el estado de cuenta, el coche, la computadora, las tuberías... y, por si acaso, hacerte unos análisis. La experiencia enseña...

La vida nunca deja de mandar problemas...y nosotros nunca dejamos de encontrar la manera de resolverlos. Porque si algo caracteriza al ser humano es su increíble capacidad para sobrevivir.

Hemos sobrevivido a exámenes finales, suegras, juntas eternas, mudanzas, lunes, deudas, dietas, ex tóxicos, grupos de WhatsApp familiares y jefes o vecinos del infierno.

Así que quizá la felicidad no consiste en vivir sin problemas. Eso solo les pasa a los personajes de los comerciales. La verdadera felicidad consiste en aprender a decir, con buena dosis de humor y paciencia “Houston... sí, ya sé que tenemos un problema. Ponte cómodo. Lo resolvemos y luego vemos cuál sigue.”

Porque al final la vida nunca promete un camino sin obstáculos. Pero, por fortuna, tampoco nos quita la capacidad de reírnos de ellos. Y esa, quizá, es la mejor herramienta de supervivencia que existe.

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